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LA VOZ DEL CANGREJO
( Marco Milani ITA – La voce del Granchio – trad. Cristina Bruni )
"… Mi nombre es Massimo Furini, he nacido en mil novecientos sesenta y tres, cerca de Ferrara, pero mi casa estaba en la otra parte del río Po en un pueblecito de tres mil hbitantes, y es allí donde siempre he estado hasta el fatídico diecisèis de julio de mil novecientos noventa, justo la fecha en la que fuí secuestrado por los extraterrestres, aunqué no sé cuales, y me han llevado no sé donde, a un lugar cualquiera del universo.
La astronomía siempre ha sido mí única y entusiasmante afición ya de niño esperaba que un día lograría viajar entre estrellas y planetas en el cosmos, pero nunca habría imaginado encontrarme de veras en el espacio, pero desafortunadamente en estas condiciones, sin poder ver mi sueño, así al alcance, hecho realidad.
Aquella mañana de julio fue mi primer día de merecidas vacaciones y estaba callejeando en el coche por uno de tantos caminos de campo de mi país, algo lejos de casa. El trozo de calle que habia recorrido ya centenares de veces, como todas las calles en el radio de una decena de kilómetros, fue una recta de un par de millares de metros. Al fondo se veia la curva cerrada, a noventa grados, hacia la derecha. A la altura de la curva habia un viejo tugurio, con las paredes caidas, usada como almacén agrícola. Desde aquella posición pareció que el carril tuviera que acabar justo contra el muro rojo de ladrillos. A los lados de la calle las plantas de maíz superaban abundantemente los dos metros, dado el buen ciclo meteorologico de aquel año.
Aquél era un típico día del mes más caliente en la llanura polesana, brumoso y bochornoso, y por lo tanto me dejó sorprendido el chaparron de agua que se abatió sobre mi cabeza, así de repente, sin una brizna de viento que avisara de su caida. Fue en todo caso una clásica tormenta estacionál, con goterones grandes como cocos. La visibilidad se redujo de golpe a cero y tuve que pararme casi enseguida.
De la misma manera que empezò el chubasco, después de pocos minutos paró. De nuevo apareció el sol y sobre el asfalto habia una capa compacta de agua, con las canaletas laterales de desague llenas hasta el borde.
Inútilmente giré la llave más veces intentando poner de nuevo en marcha el motor y mientras maldecia el delco y todos sus defectos, oì un ruido fuerte que venia de arriba y con el rabillo del ojo vi una estela negra bajar del cielo hacia mí.
En aquel mismo momento algo muy veloz, definible sólo como una gran sombra pasó sobre la casa y acabó en el campo de maíz a mi izquierda, algo más adelante de mi posición. Fue un estruendo enorme como un estallido; la tierra tembló.
Preocupado pensando en un aviòn precipitado o quien sabe que desgracia, bajè del coche y me dirigí corriendo en aquella dirección y después de unos treinta metros recorridos sobre el asfalto mojado, perpendicularmente a la calle entrè en el campo, atravesando el foso rebozante de agua con un salto.
Se resbalava y, a duras penas, apartando las plantas y hundiendome en el barro casi hasta los tobillos, avanzé en aquella especie de jungla familiar, imaginando encontrar aquellos desgraciados del avion precipitado, en alguna horrible situaciòn.
Quedé desconcertado por la sorpresa cuando me encontrè delante el platillo volante, un objeto alargado en forma de puro como los Ovnis descritos en los más comúnes avistamientos, de al menos doce metros de largo. La altura no pude calcularla porque el casco estaba plantado profundamente en el terreno, pero el trozo que quedaba fuera alcanzaba el nivel de las plantas.
Mi último recuerdo, antes de despertarme prisionero, fue de un rayo azul que saliò casi de un punto central del disco a nivel del terreno, golpeándome de lleno.
Cuando recobré el conocimiento estaba dentro de una cúpula alargada, dónde no habría podido quedarme de pie aunque hubiese podido levantarme. Estuve completamente desnudo, sobre una superficie dura, blanca, de las dimensiones de una camilla de médico, bloquedo por cintas que parecian metálicas, y blancas tambien ellas.
La superficie interior de la cúpula era luminosa y al mismo tiempo incolora, ni blanca ni transparente. Indefiniblemente alienigena. Recordaba… luz. Sólo luz. Nada más que luz.
Estaba confundido, perdido y sobre todo asustado. Supe de todas maneras que era víctima de un secuestro por parte de extraterrestres y de haber dejado la Tierra y también el sistema solar. No sé cómo pero estaba plenamente consciente de ello.
Probé inutilmente a librarme, pero estaba bloqueado, excepto la cabeza me encontraba literalmente inmovilizado. Seguí intentandolo. Pero pronto los músculos se entumecieron y empezaron a dolerme. ¡Grité!
Grité, mientras que mi mente empezó a titubear y el pánico se estaba apoderando de mi.
No sé cuánto tiempo hubiese pasado, pero hasta aquel momento traté de comprender mi situación y no creí nunca que fuera a gritar. Pero aquel grito hizo desencadenar algo. Quizás mi voz fue la señal que esperaban.
¿Quién? Pregunta aún sin respuesta.
Desde el centro de la cúpula, exactamente sobre mi cabeza, surgiò un rayo blanco y azul, que fue a formar una diadema a la altura del ombligo aumentando luego de diámetro hasta unos treinta centímetros. Se desplazó hacia la izquierda y se paró sobre la cadera, desplazándose luego con la misma velocidad sobre el correspondiente punto del lado derecho. Sentí un zumbido.
Otro rayo, esta vez rojo y sutil saliò hacia mí, lentamente, bajando casi desde el mismo origen, para unirse al primero sobre mí. Tuve como una sacudida, que se transformó en un hormigueo continuo.
Es indescriptible lo absurdo, el horror que probé viendo mi hígado levantarse en medio de la luz blanco-azul que hacia la función de tubo aspirador. Tras el hígado, un riñón y luego el páncreas. Quedaron suspendidos por un instante delante de mis ojos, dándome la idea de un cuadro abstracto, como si fueran encajados en aquel pseudo-tubo, uno adyacente al otro. Mis órganos en fila india. Título del cuadro.
Los restos de mis entrañas se encauzaron siguiendo las primeras y desapareciendo luego, una detrás de la otra, dentro de una especie de esfínter oscuro que se abriò de la nada encima del origen del rayo tubular.
El siguiente rayo blanco y azul surgiò desde la boveda, algo más adelante con respecto a los otros dos, y se posó sobre la cara. Enseguida no pude mover tampoco la cabeza.
El rayo se expandió y un resplandor rojo fuego fue la última imagen que recuerdo. Luego la sensación como de un velo blanco transparente que se volvia, lentamente, una mampara y… la oscuridad. Poco después me sentí sobrecojer por el agotamiento y una espiral de aturdimiento me invadió la mente como si tuviese un taladro apoyado sobre la frente que muy despacito, girando me abria el cráneo, sin ningún dolor y acompañado por una creciente sensación de pesadez.
A lo siguiente, creo, mientras que algunas imágenes de muerte deambulaban libres sin razón de ser, todo el peso se transformò en una mezcla de ligereza y libertád, y me dormí.
No sé cuánto tiempo transcurrió hasta mi definitivo despertar. Desde entonces estuve siempre consciente y aquella sensación de ligereza y libertad no me dejò jamàs.
Estoy tomando conciencia de mi nuevo estado de ser. No siento ni calor ni frío, no percibo dolor, no percibo el cuerpo. No veo, no hablo, no siento… puedo solo permitirme de pensar.Estoy seguro de estar todavía entre las estrellas, en un lugar indeterminado del tiempo y el espacio y que no volveré nunca atrás.
No soy infeliz, quizás tenga que acostumbrarme todavía, pero pienso siempre en mi historia, en mi tierra y añoro no poder observar más aquella maravillosa boveda celeste que contemplaba desde el patio de mi casa.
No puedo hacer nada màs que ……………………………………………………..……………………………… …………………………………………………………………………………………………………………………….……………………….…………………………………………………………………………………………………….………………………………………………………….………………………… Mi nombre es Massimo Furini, he nacido en el año mil novecientos sesenta y tres, cerca de Ferrara… ".
- Fantoni apague. -
-Sigue adelante así, como una grabación al infinito, - Fantoni dijo y se levantó enseñándole al suboficial una tanda de folios bajo la impresora y dos pilas más altas en un rincón - y hay al menos diez veces más en la otra habitación. Ésta es mas o menos la decimillesima repetición, exactamente con la que acabo de empezar, estamos a nuevemilnovecientosochentayseis. Palabra por palabra, una igual a la otra. -
¿- Estáis seguros que no sea realmente una grabación? -
- Seguros. Y no es de origen terrestre,esta es la primera cosa que hemos averiguado. Ninguna onda de radio, nada de transmisiones en frecuencia ni de tierra ni tampoco de satélites. - Fantoni contestó con aires de quien sabe lo que dice - Son anomalías en el espectro de luz. Agujeros entre una señal y la otra. Una especie de alfabeto morse imposible, porque precisamente son espacios nulos en el espectro de un rayo de luz. No debería ser nada y en cambio… -
¿- La causa? - preguntò el suboficial, y su tono fue el de un jefe que no sabe nada y que de todas maneras exige una respuesta.
- Desconocida, como le dije. Tenemos una señal que no debería existir y en cambio està allì. Es todo un misterio. Hay esta estela de luz azulada, no visible a ojo desnudo, procedente del espacio. La hemos encontrado en banda total cuando tratabamos de entender de adonde venia el mensaje una vez comprendido que era extraterrestre. Està apuntando exactamente sobre nosotros y el enlace con el sensor enciende automáticamente la terminal y la impresora. El sistema operativo està bloqueado y no logramos pararlo ni siquiera quitando la alimentación. -
¿- El terminal es traductor? -
- Por supuesto, estaba a pundo de decirlo. De todos modos nada de difícil y nada que traducir porque el mensaje está en italiano. Claro y simple como lo es un archivo de texto. -
¿- Habéis controlado los datos anagráficos del tio que transmite? -
- Todo corresponde, lugares, fechas y desaparición. Máximo Furini, nacido en Ferrara en el sesentaitres, desaparecido el dieciséis de julio del noventa y jamás se ha vuelto a ver. Aquí està el fasciculo si quiere mirarlo. -
El suboficial sacudió la cabeza en señal de rechazo. - Tenedme informado si hay algo nuevo. - dijo cerrando la conversacion, estaba visiblemente insatisfecho del encuentro. Fantoni saludó militarmente y estaba a punto de irse.
- Mariscal… -
- Digame Fantoni. - se volvió con modales irritados.
- La fuente del rayo anómalo està localizada en el centro de la constelación del Cangrejo y… - el sonido del teléfono azul de la línea reservada lo interrumpió. - Mariscal disculpeme… -
- Ruego conteste. - dijo este sin énfasis mirando que teléfono se disponia a levantar.
- … Si señor. Ciertamente señor… Mariscal, para usted… del Ministerio del interior. -
El suboficial tragò cogiendo el aparato que Fantoni le pasó -… Si señor. Por supuesto. … A las órdenes. Obedezco enseguida. -
- Fantoni. - dijo en tono bajo y la expresión pensativa devolviéndole el teléfono - Archive todo. Esquema azul. -
- Pero… -
¡- Aviador Fantoni! ¡Es una orden! - gritó - Haga desaparecer todo. Obedezca sin discutir. Esquema azul. -
- Anda solo. No podemos pararlo. -
¡- No me importa como lo hará! - gritó mas fuerte todavia ¡- Pare aquellos malditos ordenadores y haga desaparecer todo! ¡Si hace falta quemelo, partalo todo, entierrelo, haga como le plazca pero hagalo desaparecer! -
- Si señor. - Se puso en posiciòn de firme, 'como siempre'… pensó tristemente.
Fantoni se sentó al ordenador mientras su superior estaba caminando a paso rápido y nervioso. - Como siempre… - murmurò.