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poesía sin título 2
( Eva Barberá del Rosal – ESP )
Mi querida "Soledad de soles" perdida,
¿Por qué el recuerdo me canta una traición?
Aquel dolor pestilente de ilusión y color tardío
un enigma que me pierde con locura,
pues no sé reaccionar ante un comportamiento
los nervios perfumados irónicos como un racimo de uva que se pierde en la
vacuidad efímera.
Un sinsabor rugiente porque el aroma no extingue el no saber.
Unas veces somos románticos...
Yo no quiero llover, pero me olvido de que gimo cuando intento dormir en el
recuerdo de una noche traicionera como todas las que no lo son tampoco.
¿Por qué no tengo identidad ni máscara andante, ni me falta el pelo ni la
armonía de un felino?,
pero busco el recuerdo de una sabiduría pintoresca.
Sí, no sé quien soy. No soy nadie porque no creo que sé, sólo sé...
Ese misterio que me aprisiona sin nada
sin un yo qué sé donde apoyar mi cabeza espiritual y mis brazos cerebrales
y mi espalda contagiada de chistes de sirenas y versos de latas de coca-cola
sembrada como estímulo bravo.
Hoy el gentío es muy soberano y yo latente en mi miserable dubitar indago
en la lanza pasada y frecuentada como un puro sentimiento de agua
espontánea.
Jamás seré más flor
sí una hazaña-color-mecánica-tijeras de verdes placeres otoñales y dardos
que no se clavan en la pérdida,
en la duda susurrante y agnóstica. ¿Por qué sé que no soy así? ¡¡¡NO!!!
Resulta que mi malestar es contagioso,
que la miserable duda es repudiada por dandis y monstruos del más allá
que mi estruendoso lamento misterioso se colma de lamentos cuando
escucha tan sólo una palabra verdadera sin movimiento estelar.
Yo he pensado que no intento nunca comenzar nada
que mi juguete preferido no suena ya cuando la música celeste se cubre
de versos terrestres.
He amado en la soledad de una ilusión, en el interior de un lenguaje
sincero y sutil, quizás espontáneo...
Pero me he dado cuenta de que me lastima el genio, la visión clara
de lagartos y serpientes,
de eternos bichos gentiles y devoradores.
He preferido arder con el sentimiento de la locura.
Llevo tantos años soñando con el tiempo y su significado que dudo que
exista mi presencia en la ausencia de una existencia temporal.
Ahora resulta que la amapola de la mañana devora el aire de color
que el llanto de una japonesa es más azul que una preciosa melodía
wagneriana.
Y rezando como una mujer sin palabras, tan sólo una memoria trágica de un
sueño que nunca se supo conquistar con fidelidad en la metamorfosis
del tiempo y su llamada.
Tras lanzar unas cuántas carcajadas, se lamenta la cordura de una razón tan
ordenada, de un espacio tan metódico.
¿Pero qué es la ardiente poesía sino un lenguaje profano y casto?
Un semitono.
No es la metalurgia del destino aquello que mueve al más lento, ni tampoco
el devenir de la historia que se mueve sin pasos, con unos suspiros o
rugidos.
En esta velada siento que el cuerpo me posee
que el alma me engendra de nuevo
que mi engaño es la esencia letal.
Jamás podré comprender el mensaje de las estrellas;
y es que habito sin pesares casi
una frugalidad espacial inexistente quizás, inabordable, inexpresable...
Sometida a unas leyes aceptables y transitorias
algo que alcanzo a soñar
cuando el Sol está teñido de un color más subjetivo.
Ese arte de no querer decir nada
porque quizás sobra la expresión verbal
el color de la pausa que muestra la voz-mano encongida.
Tal vez no signifique que amo más la vida que a mi misma,
me enriquece enmudecer instantáneamente y ensordecer mi futuro
mi tiempo incansable como el espacio cósmico de los versos sabios.
Es tan poética la visión de la música
perfecta.
Pero yo nunca me pregunto,
simplemente sé.
El exterior tiene un código lleno de señales, evitarlas tiene un significación
en esta atmósfera codificada.
Es aquel perfume floral que me dice que el mayor tesoro es frotarse el alma
con la savia de una estética alma,
llena de arte para sobrevivir.
Es lucir el mantón de tulipanes con ojos de cisne, con lluvia de fuego, con
corazón de pez.
Pero ver que el llanto de una paloma es emblemático.
Es totalmente enloquecedor intentar suponer que has mejorado.
A lo mejor simplemente has cambiado cuando has dejado de tomar
el mismo tren,
cuando has dejado de compartir las mismas cosas con el resto de las
personas,
cuando ya no haces aquellos simulacros,
simplemente eres una mujer o un hombre absurdo, pero auténtico.
Sin un sentido escondido.
Es misterioso ese perfil demoniaco, pero el lado luchador no saborea
nunca la victoria;
se cansa de ser alabado
se cansa de dejar de atacar el sinsabor de una canción acabada por doquier.
Por eso reflexionar es un arte ficticio pero...
Yo amo la libertad
la atadura del encuentro con la poesía de rayos de lógica enfermizos
de fascinación por lo más diestro.
En sí recuerdo que nunca he sentido mayor placer que con la pintura de un
mural, lo culto que puede ser la magia de un ocultismo tan gigante y dispar.
Ver y vislumbrar que el pasado es tan sedante y relajante, que cura
las heridas de un jabalí indefenso, que ama el verdor y el frescor de mi
luz artificial y redundante.
No es un sentimiento periorativo lo que confirma la voz de mi paleta del
destino subrayado,
simplemente amar se ha convertido lexicalmente en un acto furtivo de la
osada apariencia.
Nadie gime espontáneamente, lo semejante de un potrillo juvenil, lo banal
de una abeja en un panal, lo permisivo de una geisha y sus manos, su boca
y su rostro, su figura de muñeca coqueta y dueña de su dueño.
Es soñar que no ha surgido el movimiento como principal argumento vital.
¿Por qué?
El mecánico paso hacia adelante, la gigante y agnóstica pasión de unos
dedos delicados de algodón que exprimen con verdadero ardor el cuerpo
enjaulado de prisiones visionarias.
No es una historia el amor, no es un viaje de polizones.
El monte sigue produciendo vegetación, el aire se respira cuando el viento
sopla y el aroma de una canción se transcribe en la pizarra de nuestro
genoma.
Hemos aborrecido nuestras propias costumbres como humanos.
No existe el pecado
existe la monotonía sin aburrimiento.
La locura de la lógica.
El lenguaje sin mesura-equilibrio-contexto...
Es vasta la información de un sinfin de comunicados con ánimo de infiernos
más llevaderos,
pero el arte de Quijote,
la mano de un espejo que no es un símbolo
la profundidad de un masaje aromático y la presión de unos dedos
arrogantes arrodillados con emoción y ternura,
porque viven superiores tras el acontecimiento de la sanación
total.
Esa muerte heróica de mi vida espiritual
nosotros que no sé quién somos
nosotros que no somos nada
un trozo de pastel, una pizca de misticismo.
Las edades, la continuidad, las crisis, la superidad de la canción que
mueve el genio y al genio.
Es tan marcial ese ingenio, ese matiz abismal de la luz del interior.
Esa superioridad de una imagen viva,
saber que deseo escribir para no despertar a la realidad que no llego
a distinguir de la sensualidad y palpable semejanza de la voz de mi
infancia mortal y permisiva, así como la similitud de otras voces que
piensan cuando no envidian a la voz principal,
una lujuria, un sollozo contagiante como un eco que desciende
trascendente.
El holocausto perdido de dudas y misterios evidentes.
Por fin podré recordar el llanto de una paloma enamorada del
manto de la luna.
La flor meditativa como un pajar sin argumento.
He oído volar al tiempo tras una triste solana de fiereza
embargada.
Aludir mintiendo que el hado del destino me oculta la
profesión del sentimiento en estado puro... gimiendo al latir la
hoja de mis lágrimas sensatas.
Mi arroz, sendero, olivo desnutrido y saludo al viento.
Después la gloria de una serie de Piratas-historiadores, la
inquietud del arte, pintura terrestre arquetípica y profana.
¿Quién inventó la morada de mensajes sin retorno?
Ese deseo innovador de continuar saltando sin brazos para
impulsar el movimiento de pez en la luna pequeñita.
He frecuentado lo eterno, el disparo externo, la tensión anclada
en el recuerdo que aclama.
Pero jamás se comienza el verso
nunca estamos solos como apéndices aparte
rugimos con cólera y mezclamos el orgullo con la fé en la razón
no obstante lógica.
¿Pero qué se necesita para continuar con un latido de más?
¿Qué ojos me han mirado hoy el corazón?
¿Quién ha traspasado el futuro?
No hubo más cordura en aquel error humano
no hubo mayor sinceridad por equivocarse.
Sentir la falta de comunicación al dormir
pensar que no hubo un rezo agnóstico oportuno para callar
el silencio sin mentiras de cuna ecuestre.
Hoy es un día resplandeciente.
La oportuna esencia de la mirada callada que no cesa
de buscar un tierno llanto desolado.
Me he dado cuenta de que el ocaso se mece delante de mi
propia casa,
que el frenesí no existe por donde pisa el gigantismo.
He olido el tesoro de mi pequeña anciana y he languecido
tras frotar la corona de mi frente.
Mirando el reloj opaco
gimiendo tras oir el canto de la luz de las palabras
albergo un deseo irreconciliable con mi profundidad de
alas sonrojadas
como velas que no alumbran
como seda desgastada.
He vuelto a sentarme sobre mi cama y he visto el azul de mi
barca, de mi pequeño pétalo disfrazado en el futuro de un
perfume que ha quedado rebajado en aguas de color.
Ahora disfruto más del pecho de la vida
de la canción de voces inmortales,
porque pensar es cantar en metáfora
y amar dista dos centímetros de la situación interna monologada.
Recuerdo que jamás el giro de un pájaro estimula mi mente,
que el olor de la playa junto a las rocas destroza mi imagen de
maga.
Ya no llueve hoy más lluvia de enojo, más purpurina de encanto.
He pensado que no soy una mujer enterrada
que aún hay un hechizo de sonidos banales en mi alma secuestrada.
El sueño me ha robado el sentimiento maldito.
Mi tierra ha quedado prendida de las alturas
del porvenir que no es un héroe
de la canción evaporada como una fronda congelada.
Ya sé que somos animales racionales
que bebemos la luz de las amapolas enjauladas sin reposo
aquel merecido misterio de una sirena que ingiere el alcohol de
bocas hastiadas.
He vaciado mis dones sobre un árbol de ecos
sobre un sobre lacrado
y me he esposado verbalmente al arte de la conjunción
al goce de una selección conjugada y que da satisfacción.
No es sanar lo que importa,
es una rica sabiduría que no importa nada,
ya que el delirio se queda atrás y tu suspiras eclipsada
radiante como la margarita amarilla.
No me gustáis flores,
vosotras que siempre sois las protagonistas del campo
de los jardines,
de los paseos de la ciudad.
Yo os amo vosotros los árboles anónimos, las elitistas plantas
hogareñas que sabéis rezar por mi salud y la de los demás.
He vivido sin odiar tanto tiempo que ahora no encuentro el modo
de reaccionar ante la casualidad,
el arte de lo más provocativo como el sollozo de un brujo sin
vulgaridad.
He pasado tantos años recibiendo información del firmamento,
archivándola, encuadernando mis sentimientos, tratando de adornar
el sueño con imágenes de invierno.
Pero hoy me decoro el espíritu con el sabor de un puro y fugitivo trauma:
El valor del mar y la ennoblecida luz espiritual
del desierto vacío me arroja
un secreto-abismo,
una hoja de seda sobre la cual escribir con quietud mis frondas-anhelos.
Los ensordecedores de miradas huidizas que escapan, los
ojos del destino extinguido y apagado por la progresión biológica futura.
No suele ocurrir la destreza del amor en la duda lisonjera de un devenir
propenso y proclive a la falsa y terrenal amistad reprochada.
No lastima el filosofar tiernamente a una grata y pacífica (serena) puesta
de Sol, aquel ocaso del reflejo de un puro ardor.
El anillo de la fatigante y oscura sonoridad del pozo del recuerdo anónimo.
La primacía del verso por encima de la enigmática trama vivida.
Piernas y pies del deseo mancillado,
hoy muestran...
me espera un paseo frente a mi mar soñado;
un lado oculto vencedor más valiente que dispuesto,
más locuaz y lozano que pendenciero.
No me ama ya el sentimiento del caos nublado tras la satisfacción.
Es tal vez la flor engendrada en la noche lunar... cuando los tigres y las
panteras duermen su cazar abierto.
Se percibe que las notas de una arboleda giran sin cese sobre la superficie
nevada de entusiasmo estelar y un poco de hastío al miedo.
Se llama al color de la pasión aquello qeu no tiene movimiento en el
sufrimiento.
Un adorable y pulcro reloj del desorden ordenado
que se instala verde como una pradera de un sendero que nunca
termina el ojo del relámpago fugaz como miradas de fuego.
Esta vez grisáceas las dunas de la voz modulada, las
ondas magnéticas veloces de la prosopopeya.
Pero es que no hay nada enterrado allí en el destino que no se
pueda observar con los nudos paranormales de la paciencia.
Mientras te disfrazas de guardiana y ves el desierto a lo lejos.
El miedo que quema el alma de los seres malditos
allá donde no tiemblan los relojes del hada hermética.
Los girasoles recuerdan el giro del Sol en sus genes, también la
arboleda grisácea de la sombra se tiñe de ceguera innata en la pose.
No hay un porqué, tampoco una duda, tampoco un tabú
el tormento deleitoso de saltar como una cebra
moviendo sin tormento
el eterno y pausado vivir de un duelo en agitación diaria.
La pena es que nos encanta a los humanos el romanticismo de venas
y arterias
de roces de misterio sin perdón y pensamiento.
Quizás es que medite en soledad
tal vez me anime a dejarme llevar por la transitoriedad espabilada o por
un rumor de las olas,
por una agenda de cuentos que no se acaban, de poemas longevos como
mi costa celeste de ideas y aciertos;
este movimiento articulatorio,
que recuerda la pictórica respuesta de un sueño y su enclave histórico.
¿Por qué nos sorprenden las mentiras como pasatiempos?
¿Por qué no existe una aclaración para tanta envidia pasajera y que no deja
vivir a aquellos que merecen una oportunidad?
Mecerse en el olvido de un despertar que apuesta por la libertad serena,
llamar a la canción que venga para sembrar sin miedos
intentar cambiar sin percibirlo apenas los demás.
Es ingrato que mancillen tu nombre propio sin dejar lucir el símbolo de la
cobardía ajena en el intento;
pues es bravura el significado que convella salir adelante sin marcharse.
De todos modos no intento acumular tesoros de riquezas perecederas,
dueñas del metafórico destino insondable.
Apuesto por la lozanía de un vals,
por el inquietante y arcaico amor que no existe y se va hacia el mar.
Las palabras aportan felicidad,
más aún si las acompaña el gesto de la emoción, el tiempo que pasa sin
control,
el arder de mi corazón cuando algo no tiene sentido y yo trato de averiguar
cuál es la verdad, si es que existe tal.
He pasado mi vida y no he percibido la llamada pacífica de una mano tan
sólo amiga.
He conocido el romance, la flor del arte, la angustiada soledad de mares que
emigran, de peces que conquistan, de nudos que no atrapan nada...
Y ahora me siento flotar llena de libertad, nadando sin rumbo ni metas fijas,
aspirando a ser lo que soy, soñando con sentimiento, un interior que aflora
porque las lágrimas se han quedado flotando como la aurora entierra el
perfume del ser con una mezcla de astros que no conocemos,
como el león y su fuerza
como el rugir de la tranquilidad cuando prefiere sentir que ser acompañada.
Realmente se llama egoísmo ahora al miedo a la soledad.
Si no tienes miedo a nada, no tienes miedo a estar sola.
La inseguridad genera la falsedad,
la tragedia, el enfrentamiento, la falta de dulzura.
Los labios me llevan hacia otro lugar, el apasionamiento de un jardín
que engaña cuando no se reviste de profanación. Esos labios sagrados
que esperan el nacimiento de lo más pulcro y bondadoso.
Aquel perfume que me dice quién soy y lo más sutil de un disfraz de gente
dispar,
que engendran poesía como costumbre.
He soltado mi genio en el centro del habla,
que ruge cuando escucha las cosas
el suceso de virtuosismo
las enjauladas dudas y mentiras que invaden nuestra piel como sortilegio
dador de más sueños y más pasión, más consuelo.
Me he acordado de que nunca he vencido
nunca he obtenido la victoria en el amor.
Ha sido la voz inviolable en el destino,
ha sido una terrible ternura que dejó mi intención sin fingir.
Más trato de adaptarme a la sociedad sin valores,
a la mundanidad del vacío
y me encuentro apagada y desnuda, fría y sin remordimientos.
He llorado por la búsqueda del paraíso soñado,
del resurgir de un dardo envenenado, tras otro...
Ahora estoy en frente de la duda evanescente como el fuego que
se enciende sin llamas.
El amor me ha demostrado la vitalidad como un encanto.
Hay flores como mi vieja y nueva biblioteca de tejares y lanas,
de damas que no se deben clasificar,
de refranes de jitanas,
de altas
de bajas
de serenas cuando pasan.
Un andar que no deja huella, porque su lozanía es la guitarra.
Esa comunicación flamenca del arte de una buena postura,
que es la compostura de un genio,
que es la flor más castiza y risueña del retoño de un mago.
Por eso lanzo más Primaveras,
entono más llantos que no se expresan,
porque estoy enamorada de las alas del romance
porque mi eclipse fugitivo es una planicie de torrentes y furtivos deseos.
Ahora más que nunca pienso y encuentro,
me sincero con lo que más quiero.
Me hallo sentada frente a la rosa del amor y no rezo precisamente,
sino que la presiono ligeramente
y lanzo un enigmático canto valiente,
hoy que estoy asustada de coraje infantil y
latir como un gemir.
Me he sumido con unos calcetines de frangas de colores.
No quisiera fingir que amo la solitaria velada del inconsciente prisionero del
universo.
Pero no dudo que lo hago, con la esperanza de encontrar lo que nunca hallé
amando sin serlo.
He suspirado tanto
he dormitado sin paz
he llamado a tu vera destino de ojos de castigo romántico
ahora maldita la voz del recuerdo,
me lamenta la ofrenda del escritor cuando propone encontrar un sentido
que tu.... somos infernales y no percibimos el cielo-ciclo de la cordura.
Condenados a la frugalidad,
a la congelación,
al aroma desposado
al girar de las patitas
al arrullo consolado y dador
de un corazón sin metales
sin embustes
sin chispas de oro.
Hoy soy yo.
Hoy somos nada.
¿No somos, existimos?
¿Por qué la vulgaridad es tan vulgar algunas veces y no te deja
marchitar sin un Sol mentiroso de esperanza mientras piensas
en lo normal que es la lógica tonta?
Yo he amado los verdes otoñales, los ojos de flor, la noche
apagada y el racimo de uvas empapadas...
Pero nunca he insultado ni he procesado a nadie,
nunca he enjaulado al porvenir
ni me he movido con traición actuando.
He vagado atada a la normalidad sin murmurar
un duelo lejano.
He susurrado el viento
he amado mi parte más femenina con un amor
de hombre,
he soñado que ser feliz es recuperar la salud y llegar
a tocar la muerte deforme como una rama que se agita y se
termina por partir.
He destinado mi árbol al fruto de un desinio locuaz
a la virtud del genio
a la caricia de lo más anormal como un cinturón de márfil
unos dientes de acero
y un perfil de dueños lozano.
Ahora me encuentro vestida frente al espejo,
detrás de la noche
delante de mi propia angustia
No es pasajero adueñarse del alma maldita,
despojarla de su propia personalidad
hacerla lo que nunca fue.
Esos relatos que no traspasan las paredes verdes
que no te arrancan el corazón con originalidad.
Es una presunción inesperada
superar la canción de la tempestad del alma
poeta.
Amando el jolgorio versátil
el pesado lamentar de la injusticia sentida.
No se puede ni se debe luchar contra lo injusto,
se debe quemarlo,
azotarlo,
condenarlo como lo injusto nos condena a ser.
Yo ya he soñado con lástima
ya he vertido mis lágrimas de metal
de empeine de cristal
de latidos de bruja
de buhos de apariencia
y de voz reflexionar.
Me olvido de que la música es una buena compañera
una buena portavoz
un duende
una chispa
una corazonada
el interior.
Me inundo de felicidad
rabia
y soledad.
Versos del amor
versos del hastío
versos de la esperanza
versos como el fuego que calienta mi alma.
Recuerdo dadaísta
labor de ciegos humanos en el tesoro de un encuentro,
preguntando por el cesar del holocausto vital,
la esperanza de un más allá
no de un torrente que fluye sin buscarlo.
Creo en la intención, en la voluntad, en el hacer, en el dar...
Yo no quiero hermano, no quiero familia, no quiero madre, no
quiero destino, no quiero sino la muerte-vida de la preparación sin
rumbo.
Estoy acabada sin sueño maldito al dibujar una propiedad que no deseo
tristemente me muero de lógica
porque es duro renacer cada instante-mentira,
cada caduca y precaria hora.
Soportar el hastío de la meditación lunática.
No he roto tantos corazones, no hay desierto de hielo que oculte un
amor.
Un camino bastante severo un campo de concentración.
¿Por qué le tengo miedo a la pobreza y al hambre?
¿Por qué busco los brazos de mamá?
Es imposible huir,
no sirve de nada.
No es tan lejano el recuerdo de la muerte mundana y loca,
un sufrimiento sin compás
una armadura de trozos de acero sin amasar, sin sellar
como un poema sin título
que se deja apenas leer,
porque ni tu ni yo somos los merecidos de tanto deleite.
He inventado un sinfin de estrategias para ser feliz,
ninguna me da resultado.
Lo único que me queda es escribir a mi lado.
Una mujer débil es siempre una mujer fuerte,
pero una mujer débil no debiera apenas existir cuando nace.
¿Por qué les gusta presionar tanto a los que son presionados?
Comprensión.
Tengo miedo de que alguna vez me quede sola, ya lo estoy.
Mas aún en mi otoñal, en la viveza de una infancia eterna, un refugio
que se rompe más allá.
Es el paso de las horas, el tardar cuando al abrir la puerta y recibir
regalos, una plegaria al oído no precisamente para rezar.
Es angustiante algunas sonoras veces no poseer el gusto ni ser poseído por
el de los demás.
No quiero que sean leídos estos versos delante de mi sombra,
no quiero que me muera cubierta de vacío inexpresivo, la fuerza de un gen
que no te deja libertad porque quiere que te arrodilles continuamente.
No es cierto nada, ni aquello ni eso... Harta de sofocar un llanto ingenuo de
una niña que no es más que una mujer.
Me han engañado trivialmente, me han hecho sentir lo que no fuera, lo que
no tiene color porque no es la moda.
Siempre ha preferido mi voz espiritual gozar de la dualidad impar, pero
ahora entristezco cuando veo que ya no escucho a nadie, ni a mi risueña y
vieja y altanera loca voraz... No sabe lo que dice, no sabe lo que siente,
devora mi alma esa locura que es familiar.
He soñado que me desquitaba de esa ansia peleona.
A veces es mejor morir sola que rodeada de ataudes sin una lanza en las
manos, sin combatir el dolor, expresando libremente su consuelo sin
una palabra de meditación ni duelo interior.
No se sufre simplemente por llorar o por amar
se sufre por un qué sé yo que se llama no lo sé.
Era una poesía la queja sobre la mañana al refulgir
solamente palabras sin ningún rumor semiótico.
Un quejido desencajado, una búsqueda al lamentarse de quien
es el más profético, de quien es el que está más cansado de vivir por
la eternidad que se perfuma dorada como una rosa aérea, una amapola
dorada o una fuente lunar o un paraíso sin estrellas.
Es el don de la rica constitución emergente,
del percibir esa imagen que se acaba cuando suena una voz de una
quejumbrosa boca,