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poesía sin título  2

( Eva Barberá del Rosal – ESP )

 

 

 

 

 

Mi querida "Soledad de soles" perdida,

 

¿Por qué el recuerdo me canta una traición?

 

Aquel dolor pestilente de ilusión y color tardío

 

un enigma que me pierde con locura,

 

pues no sé reaccionar ante un comportamiento

 

los nervios perfumados irónicos como un racimo de uva que se pierde en la

 

vacuidad efímera.

 

Un sinsabor rugiente porque el aroma no extingue el no saber.

 

Unas veces somos románticos...

 

Yo no quiero llover, pero me olvido de que gimo cuando intento dormir en el

 

recuerdo de una noche traicionera como todas las que no lo son tampoco.

 

¿Por qué no tengo identidad ni máscara andante, ni me falta el pelo ni la

 

armonía de un felino?,

 

pero busco el recuerdo de una sabiduría pintoresca.

 

Sí, no sé quien soy.  No soy nadie porque no creo que sé, sólo sé...

 

Ese misterio que me aprisiona sin nada

 

sin un yo qué sé donde apoyar mi cabeza espiritual y mis brazos cerebrales

 

y mi espalda contagiada de chistes de sirenas y versos de latas de coca-cola

 

sembrada como estímulo bravo.

 

Hoy el gentío es muy soberano y yo latente en mi miserable dubitar indago

 

en la lanza pasada y frecuentada como un puro sentimiento de agua

 

espontánea.

 

Jamás seré más flor

 

sí una hazaña-color-mecánica-tijeras de verdes placeres otoñales y dardos

 

que no se clavan en la pérdida,

 

en la duda susurrante y agnóstica.  ¿Por qué sé que no soy así? ¡¡¡NO!!!

 

Resulta que mi malestar es contagioso,

 

que la miserable duda es repudiada por dandis y monstruos del más allá

 

que mi estruendoso lamento misterioso se colma de lamentos cuando

 

escucha tan sólo una palabra verdadera sin movimiento estelar.

 

Yo he pensado que no intento nunca comenzar nada

 

que mi juguete preferido no suena ya cuando la música celeste se cubre

 

de versos terrestres.

 

He amado en la soledad de una ilusión, en el interior de un lenguaje

 

sincero y sutil, quizás espontáneo...

 

Pero me he dado cuenta de que me lastima el genio, la visión clara

 

de lagartos y serpientes,

 

de eternos bichos gentiles y devoradores.

 

He preferido arder con el sentimiento de la locura.

 

Llevo tantos años soñando con el tiempo y su significado que dudo que

 

exista mi presencia en la ausencia de una existencia temporal.

 

Ahora resulta que la amapola de la mañana devora el aire de color

 

que el llanto de una japonesa es más azul que una preciosa melodía

 

wagneriana.

 

Y rezando como una mujer sin palabras, tan sólo una memoria trágica de un

 

sueño que nunca se supo conquistar con fidelidad en la metamorfosis

 

del tiempo y su llamada.

 

Tras lanzar unas cuántas carcajadas, se lamenta la cordura de una razón tan

 

ordenada, de un espacio tan metódico.

 

¿Pero qué es la ardiente poesía sino un lenguaje profano y casto? 

 

Un semitono.

 

No es la metalurgia del destino aquello que mueve al más lento, ni tampoco

 

el devenir de la historia que se mueve sin pasos, con unos suspiros o

 

rugidos.

 

En esta velada siento que el cuerpo me posee

 

que el alma me engendra de nuevo

 

que mi engaño es la esencia letal.

 

Jamás podré comprender el mensaje de las estrellas;

 

y es que habito sin pesares casi

 

una frugalidad espacial inexistente quizás, inabordable, inexpresable...

 

Sometida a unas leyes aceptables y transitorias

 

algo que alcanzo a soñar

 

cuando el Sol está teñido de un color más subjetivo.

 

Ese arte de no querer decir nada

 

porque quizás sobra la expresión verbal

 

el color de la pausa que muestra la voz-mano encongida.

 

Tal vez no signifique que amo más la vida que a mi misma,

 

me enriquece enmudecer instantáneamente y ensordecer mi futuro

 

mi tiempo incansable como el espacio cósmico de los versos sabios.

 

Es tan poética la visión de la música

 

perfecta.

 

Pero yo nunca me pregunto,

 

simplemente sé.

 

El exterior tiene un código lleno de señales, evitarlas tiene un significación

 

en esta atmósfera codificada.

 

Es aquel perfume floral que me dice que el mayor tesoro es frotarse el alma

 

con la savia de una estética alma,

 

llena de arte para sobrevivir.

 

Es lucir el mantón de tulipanes con ojos de cisne, con lluvia de fuego, con

 

corazón de pez.

 

Pero ver que el llanto de una paloma es emblemático.

 

Es totalmente enloquecedor intentar suponer que has mejorado.

 

A lo mejor simplemente has cambiado cuando has dejado de tomar

 

el mismo tren,

 

cuando has dejado de compartir las mismas cosas con el resto de las

 

personas,

 

cuando ya no haces aquellos simulacros,

 

simplemente eres una mujer o un hombre absurdo, pero auténtico.

 

Sin un sentido escondido.

 

Es misterioso ese perfil demoniaco, pero el lado luchador no saborea

 

nunca la victoria;

 

se cansa de ser alabado

 

se cansa de dejar de atacar el sinsabor de una canción acabada por doquier.

 

Por eso reflexionar es un arte ficticio pero...

 

Yo amo la libertad

 

la atadura del encuentro con la poesía de rayos de lógica enfermizos

 

de fascinación por lo más diestro.

 

En sí recuerdo que nunca he sentido mayor placer que con la pintura de un

 

mural, lo culto que puede ser la magia de un ocultismo tan gigante y dispar.

 

Ver y vislumbrar que el pasado es tan sedante y relajante, que cura

 

las heridas de un jabalí indefenso, que ama el verdor y el frescor de mi

 

luz artificial y redundante.

 

No es un sentimiento periorativo lo que confirma la voz de mi paleta del

 

destino subrayado,

 

simplemente amar se ha convertido lexicalmente en un acto furtivo de la

 

osada apariencia.

 

Nadie gime espontáneamente, lo semejante de un potrillo juvenil, lo banal

 

de una abeja en un panal, lo permisivo de una geisha y sus manos, su boca

 

y su rostro, su figura de muñeca coqueta y dueña de su dueño.

 

Es soñar que no ha surgido el movimiento como principal argumento vital.

 

¿Por qué?

 

El mecánico paso hacia adelante, la gigante y agnóstica pasión de unos

 

dedos delicados de algodón que exprimen con verdadero ardor el cuerpo

 

enjaulado de prisiones visionarias.

 

No es una historia el amor, no es un viaje de polizones.

 

El monte sigue produciendo vegetación, el aire se respira cuando el viento

 

sopla y el aroma de una canción se transcribe en la pizarra de nuestro

 

genoma.

 

Hemos aborrecido nuestras propias costumbres como humanos.

 

No existe el pecado

 

existe la monotonía sin aburrimiento.

 

La locura de la lógica.

 

El lenguaje sin mesura-equilibrio-contexto...

 

Es vasta la información de un sinfin de comunicados con ánimo de infiernos

 

más llevaderos,

 

pero el arte de Quijote,

 

la mano de un espejo que no es un símbolo

 

la profundidad de un masaje aromático y la presión de unos dedos

 

arrogantes arrodillados con emoción y ternura,

 

porque viven superiores tras el acontecimiento de la sanación

 

total.

 

Esa muerte heróica de mi vida espiritual

 

nosotros que no sé quién somos

 

nosotros que no somos nada

 

un trozo de pastel, una pizca de misticismo.

 

Las edades, la continuidad, las crisis, la superidad de la canción que

 

mueve el genio y al genio.

 

Es tan marcial ese ingenio, ese matiz abismal de la luz del interior.

 

Esa superioridad de una imagen viva,

 

saber que deseo escribir para no despertar a la realidad que no llego

 

a distinguir de la sensualidad y palpable semejanza de la voz de mi

 

infancia mortal y permisiva, así como la similitud de otras voces que

 

piensan cuando no envidian a la voz principal,

 

una lujuria, un sollozo contagiante como un eco que desciende

 

trascendente.

 

El holocausto perdido de dudas y misterios evidentes.

 

Por fin podré recordar el llanto de una paloma enamorada del

 

manto de la luna.

 

La flor meditativa como un pajar sin argumento.

 

He oído volar al tiempo tras una triste solana de fiereza

 

embargada.

 

Aludir mintiendo que el hado del destino me oculta la

 

profesión del sentimiento en estado puro... gimiendo al latir la

 

hoja de mis lágrimas sensatas.

 

Mi arroz, sendero, olivo desnutrido y saludo al viento.

 

Después la gloria de una serie de Piratas-historiadores, la

 

inquietud del arte, pintura terrestre arquetípica y profana.

 

¿Quién inventó la morada de mensajes sin retorno?

 

Ese deseo innovador de continuar saltando sin brazos para

 

impulsar el movimiento de pez en la luna pequeñita.

 

He frecuentado lo eterno, el disparo externo, la tensión anclada

 

en el recuerdo que aclama.

 

Pero jamás se comienza el verso

 

nunca estamos solos como apéndices aparte

 

rugimos con cólera y mezclamos el orgullo con la fé en la razón

 

no obstante lógica.

 

¿Pero qué se necesita para continuar con un latido de más?

 

¿Qué ojos me han mirado hoy el corazón?

 

¿Quién ha traspasado el futuro?

 

No hubo más cordura en aquel error humano

 

no hubo mayor sinceridad por equivocarse.

 

Sentir la falta de comunicación al dormir

 

pensar que no hubo un rezo agnóstico oportuno para callar

 

el silencio sin mentiras de cuna ecuestre.

 

Hoy es un día resplandeciente.

 

La oportuna esencia de la mirada callada que no cesa

 

de buscar un tierno llanto desolado.

 

Me he dado cuenta de que el ocaso se mece delante de mi

 

propia casa,

 

que el frenesí no existe por donde pisa el gigantismo.

 

He olido el tesoro de mi pequeña anciana y he languecido

 

tras frotar la corona de mi frente.

 

Mirando el reloj opaco

 

gimiendo tras oir el canto de la luz de las palabras

 

albergo un deseo irreconciliable con mi profundidad de

 

alas sonrojadas

 

como velas que no alumbran

 

como seda desgastada.

 

He vuelto a sentarme sobre mi cama y he visto el azul de mi

 

barca, de mi pequeño pétalo disfrazado en el futuro de un

 

perfume que ha quedado rebajado en aguas de color.

 

Ahora disfruto más del pecho de la vida

 

de la canción de voces inmortales,

 

porque pensar es cantar en metáfora

 

y amar dista dos centímetros de la situación interna monologada.

 

Recuerdo que jamás el giro de un pájaro estimula mi mente,

 

que el olor de la playa junto a las rocas destroza mi imagen de

 

maga.

 

Ya no llueve hoy más lluvia de enojo, más purpurina de encanto.

 

He pensado que no soy una mujer enterrada

 

que aún hay un hechizo de sonidos banales en mi alma secuestrada.

 

El sueño me ha robado el sentimiento maldito.

 

Mi tierra ha quedado prendida de las alturas

 

del porvenir que no es un héroe

 

de la canción evaporada como una fronda congelada.

 

Ya sé que somos animales racionales

 

que bebemos la luz de las amapolas enjauladas sin reposo

 

aquel merecido misterio de una sirena que ingiere el alcohol de

 

bocas hastiadas.

 

He vaciado mis dones sobre un árbol de ecos

 

sobre un sobre lacrado

 

y me he esposado verbalmente al arte de la conjunción

 

al goce de una selección conjugada y que da satisfacción.

 

No es sanar lo que importa,

 

es una rica sabiduría que no importa nada,

 

ya que el delirio se queda atrás y tu suspiras eclipsada

 

radiante como la margarita amarilla.

 

No me gustáis flores,

 

vosotras que siempre sois las protagonistas del campo

 

de los jardines,

 

de los paseos de la ciudad.

 

Yo os amo vosotros los árboles anónimos, las elitistas plantas

 

hogareñas que sabéis rezar por mi salud y la de los demás.

 

He vivido sin odiar tanto tiempo que ahora no encuentro el modo

 

de reaccionar ante la casualidad,

 

el arte de lo más provocativo como el sollozo de un brujo sin

 

vulgaridad.

 

He pasado tantos años recibiendo información del firmamento,

 

archivándola, encuadernando mis sentimientos, tratando de adornar

 

el sueño con imágenes de invierno.

 

Pero hoy me decoro el espíritu con el sabor de un puro y fugitivo trauma:

 

El valor del mar y la ennoblecida luz espiritual

 

del desierto vacío me arroja

 

un secreto-abismo,

 

una hoja de seda sobre la cual escribir con quietud mis frondas-anhelos.

 

Los ensordecedores de miradas huidizas que escapan, los

 

ojos del destino extinguido y apagado por la progresión biológica futura.

 

No suele ocurrir la destreza  del amor en la duda lisonjera de un devenir

 

propenso y proclive a la falsa y terrenal amistad reprochada.

 

No lastima el filosofar tiernamente a una grata y pacífica (serena) puesta

 

de Sol, aquel ocaso del reflejo de un puro ardor.

 

El anillo de la fatigante y oscura sonoridad del pozo del recuerdo anónimo.

 

La primacía del verso por encima de la enigmática trama vivida.

 

Piernas y pies del deseo mancillado,

 

hoy muestran...

 

me espera un paseo frente a mi mar soñado;

 

un lado oculto vencedor más valiente que dispuesto,

 

más locuaz y lozano que pendenciero.

 

No me ama ya el sentimiento del caos nublado tras la satisfacción.

 

Es tal vez la flor engendrada en la noche lunar... cuando los tigres y las

 

panteras duermen su cazar abierto.

 

Se percibe que las notas de una arboleda giran sin cese sobre la superficie

 

nevada de entusiasmo estelar y un poco de hastío al miedo.

 

Se llama al color de la pasión aquello qeu no tiene movimiento en el

 

sufrimiento.

 

Un adorable y pulcro reloj del desorden ordenado

 

que se instala verde como una pradera de un sendero que nunca

 

termina el ojo del relámpago fugaz como miradas de fuego.

 

Esta vez grisáceas las dunas de la voz modulada, las

 

ondas magnéticas veloces de la prosopopeya.

 

Pero es que no hay nada enterrado allí en el destino que no se

 

pueda observar con los nudos paranormales de la paciencia.

 

Mientras te disfrazas de guardiana y ves el desierto a lo lejos.

 

El miedo que quema el alma de los seres malditos

 

allá donde no tiemblan los relojes del hada hermética.

 

Los girasoles recuerdan el giro del Sol en sus genes, también la

 

arboleda grisácea de la sombra se tiñe de ceguera innata en la pose.

 

No hay un porqué, tampoco una duda, tampoco un tabú

 

el tormento deleitoso de saltar como una cebra

 

moviendo sin tormento

 

el eterno y pausado vivir de un duelo en agitación diaria.

 

La pena es que nos encanta a los humanos el romanticismo de venas

 

y arterias

 

de roces de misterio sin perdón y pensamiento.

 

Quizás es que medite en soledad

 

tal vez me anime a dejarme llevar por la transitoriedad espabilada o por

 

un rumor de las olas,

 

por una agenda de cuentos que no se acaban, de poemas longevos como

 

mi costa celeste de ideas y aciertos;

 

este movimiento articulatorio,

 

que recuerda la pictórica respuesta de un sueño y su enclave histórico.

 

¿Por qué nos sorprenden las mentiras como pasatiempos?

 

¿Por qué no existe una aclaración para tanta envidia pasajera y que no deja

 

vivir a aquellos que merecen una oportunidad?

 

Mecerse en el olvido de un despertar que apuesta por la libertad serena,

 

llamar a la canción que venga para sembrar sin miedos

 

intentar cambiar sin percibirlo apenas los demás.

 

Es ingrato que mancillen tu nombre propio sin dejar lucir el símbolo de la

 

cobardía ajena en el intento; 

 

pues es bravura el significado que convella salir adelante sin marcharse.

 

De todos modos no intento acumular tesoros de riquezas perecederas,

 

dueñas del metafórico destino insondable.

 

Apuesto por la lozanía de un vals,

 

por el inquietante y arcaico amor que no existe y se va hacia el mar.

 

Las palabras aportan felicidad,

 

más aún si las acompaña el gesto de la emoción, el tiempo que pasa sin

 

control,

 

el arder de mi corazón cuando algo no tiene sentido y yo trato de averiguar

 

cuál es la verdad, si es que existe tal.

 

He pasado mi vida y no he percibido la llamada pacífica de una mano tan

 

sólo amiga.

 

He conocido el romance, la flor del arte, la angustiada soledad de mares que

 

emigran, de peces que conquistan, de nudos que no atrapan nada...

 

Y ahora me siento flotar llena de libertad, nadando sin rumbo ni metas fijas,

 

aspirando a ser lo que soy, soñando con sentimiento, un interior que aflora

 

porque las lágrimas se han quedado flotando como la aurora entierra el

 

perfume del ser con una mezcla de astros que no conocemos,

 

como el león y su fuerza

 

como el rugir de la tranquilidad cuando prefiere sentir que ser acompañada.

 

Realmente se llama egoísmo ahora al miedo a la soledad.

 

Si no tienes miedo a nada, no tienes miedo a estar sola.

 

La inseguridad genera la falsedad,

 

la tragedia, el enfrentamiento, la falta de dulzura.

 

Los labios me llevan hacia otro lugar, el apasionamiento de un jardín

 

que engaña cuando no se reviste de profanación.  Esos labios sagrados

 

que esperan el nacimiento de lo más pulcro y bondadoso.

 

Aquel perfume que me dice quién soy y lo más sutil de un disfraz de gente

 

dispar,

 

que engendran poesía como costumbre.

 

He soltado mi genio en el centro del habla,

 

que ruge cuando escucha las cosas

 

el suceso de virtuosismo

 

las enjauladas dudas y mentiras que invaden nuestra piel como sortilegio

 

dador de más sueños y más pasión, más consuelo.

 

Me he acordado de que nunca he vencido

 

nunca he obtenido la victoria en el amor.

 

Ha sido la voz inviolable en el destino,

 

ha sido una terrible ternura que dejó mi intención sin fingir.

 

Más trato de adaptarme a la sociedad sin valores,

 

a la mundanidad del vacío

 

y me encuentro apagada y desnuda, fría y sin remordimientos.

 

He llorado por la búsqueda del paraíso soñado,

 

del resurgir de un dardo envenenado, tras otro...

 

Ahora estoy en frente de la duda evanescente como el fuego que

 

se enciende sin llamas.

 

El amor me ha demostrado la vitalidad como un encanto.

 

Hay flores como mi vieja y nueva biblioteca de tejares y lanas,

 

de damas que no se deben clasificar,

 

de refranes de jitanas,

 

de altas

 

de bajas

 

de serenas cuando pasan.

 

Un andar que no deja huella, porque su lozanía es la guitarra.

 

Esa comunicación flamenca del arte de una buena postura,

 

que es la compostura de un genio,

 

que es la flor más castiza y risueña del retoño de un mago.

 

Por eso lanzo más Primaveras,

 

entono más llantos que no se expresan,

 

porque estoy enamorada de las alas del romance

 

porque mi eclipse fugitivo es una planicie de torrentes y furtivos deseos.

 

Ahora más que nunca pienso y encuentro,

 

me sincero con lo que más quiero.

 

Me hallo sentada frente a la rosa del amor y no rezo precisamente,

 

sino que la presiono ligeramente

 

y lanzo un enigmático canto valiente,

 

hoy que estoy asustada de coraje infantil y

 

latir como un gemir.

 

Me he sumido con unos calcetines de frangas de colores.

 

No quisiera fingir que amo la solitaria velada del inconsciente prisionero del

 

universo.

 

Pero no dudo que lo hago, con la esperanza de encontrar lo que nunca hallé

 

amando sin serlo.

 

He suspirado tanto

 

he dormitado sin paz

 

he llamado a tu vera destino de ojos de castigo romántico

 

ahora maldita la voz del recuerdo,

 

me lamenta la ofrenda del escritor cuando propone encontrar un sentido

 

que tu.... somos infernales y no percibimos el cielo-ciclo de la cordura.

 

Condenados a la frugalidad,

 

a la congelación,

 

al aroma desposado

 

al girar de las patitas

 

al arrullo consolado y dador

 

de un corazón sin metales

 

sin embustes

 

sin chispas de oro.

 

Hoy soy yo.

 

Hoy somos nada.

 

¿No somos, existimos?

 

¿Por qué la vulgaridad es tan vulgar algunas veces y no te deja

 

marchitar sin un Sol mentiroso de esperanza mientras piensas

 

en lo normal que es la lógica tonta?

 

Yo he amado los verdes otoñales, los ojos de flor, la noche

 

apagada y el racimo de uvas empapadas...

 

Pero nunca he insultado ni he procesado a nadie,

 

nunca he enjaulado al porvenir

 

ni me he movido con traición actuando.

 

He vagado atada a la normalidad sin murmurar

 

un duelo lejano.

 

He susurrado el viento

 

he amado mi parte más femenina con un amor

 

de hombre,

 

he soñado que ser feliz es recuperar la salud y llegar

 

a tocar la muerte deforme como una rama que se agita y se

 

termina por partir.

 

He destinado mi árbol al fruto de un desinio locuaz

 

a la virtud del genio

 

a la caricia de lo más anormal como un cinturón de márfil

 

unos dientes de acero

 

y un perfil de dueños lozano.

 

Ahora me encuentro vestida frente al espejo,

 

detrás de la noche

 

delante de mi propia angustia

 

No es pasajero adueñarse del alma maldita,

 

despojarla de su propia personalidad

 

hacerla lo que nunca fue.

 

Esos relatos que no traspasan las paredes verdes

 

que no te arrancan el corazón con originalidad.

 

Es una presunción inesperada

 

superar la canción de la tempestad del alma

 

poeta.

 

Amando el jolgorio versátil

 

el pesado lamentar de la injusticia sentida.

 

No se puede ni se debe luchar contra lo injusto,

 

se debe quemarlo,

 

azotarlo,

 

condenarlo como lo injusto nos condena a ser.

 

Yo ya he soñado con lástima

 

ya he vertido mis lágrimas de metal

 

de empeine de cristal

 

de latidos de bruja

 

de buhos de apariencia

 

y de voz reflexionar.

 

Me olvido de que la música es una buena compañera

 

una buena portavoz

 

un duende

 

una chispa

 

una corazonada

 

el interior.

 

Me inundo de felicidad

 

rabia

 

y soledad.

 

Versos del amor

 

versos del hastío

 

versos de la esperanza

 

versos como el fuego que calienta mi alma.

 

Recuerdo dadaísta

 

labor de ciegos humanos en el tesoro de un encuentro,

 

preguntando por el cesar del holocausto vital,

 

la esperanza de un más allá

 

no de un torrente que fluye sin buscarlo.

 

Creo en la intención, en la voluntad, en el hacer, en el dar...

 

Yo no quiero hermano, no quiero familia, no quiero madre, no

 

quiero destino, no quiero sino la muerte-vida de la preparación sin

 

rumbo.

 

Estoy acabada sin sueño maldito al dibujar una propiedad que no deseo

 

tristemente me muero de lógica

 

porque es duro renacer cada instante-mentira,

 

cada caduca y precaria hora.

 

Soportar el hastío de la meditación lunática.

 

No he roto tantos corazones, no hay desierto de hielo que oculte un

 

amor.

 

Un camino bastante severo un campo de concentración.

 

¿Por qué le tengo miedo a la pobreza y al hambre?

 

¿Por qué busco los brazos de mamá?

 

Es imposible huir,

 

no sirve de nada.

 

No es tan lejano el recuerdo de la muerte mundana y loca,

 

un sufrimiento sin compás

 

una armadura de trozos de acero sin amasar, sin sellar

 

como un poema sin título

 

que se deja apenas leer,

 

porque ni tu ni yo somos los merecidos de tanto deleite.

 

He inventado un sinfin de estrategias para ser feliz,

 

ninguna me da resultado.

 

Lo único que me queda es escribir a mi lado.

 

Una mujer débil es siempre una mujer fuerte,

 

pero una mujer débil no debiera apenas existir cuando nace.

 

¿Por qué les gusta presionar tanto a los que son presionados?

 

Comprensión.

 

Tengo miedo de que alguna vez me quede sola, ya lo estoy.

 

Mas aún en mi otoñal, en la viveza de una infancia eterna, un refugio

 

que se rompe más allá.

 

Es el paso de las horas, el tardar cuando al abrir la puerta y recibir

 

regalos, una plegaria al oído no precisamente para rezar.

 

Es angustiante algunas sonoras veces no poseer el gusto ni ser poseído por

 

el de los demás.

 

No quiero que sean leídos estos versos delante de mi sombra,

 

no quiero que me muera cubierta de vacío inexpresivo, la fuerza de un gen

 

que no te deja libertad porque quiere que te arrodilles continuamente.

 

No es cierto nada, ni aquello ni eso... Harta de sofocar un llanto ingenuo de

 

una niña que no es más que una mujer.

 

Me han engañado trivialmente, me han hecho sentir lo que no fuera, lo que

 

no tiene color porque no es la moda.

 

Siempre ha preferido mi voz espiritual gozar de la dualidad impar, pero

 

ahora entristezco cuando veo que ya no escucho a nadie, ni a mi risueña y

 

vieja y altanera loca voraz... No sabe lo que dice, no sabe lo que siente,

 

devora mi alma esa locura que es familiar.

 

He soñado que me desquitaba de esa ansia peleona.

 

A veces es mejor morir sola que rodeada de ataudes sin una lanza en las

 

manos, sin combatir el dolor, expresando libremente su consuelo sin

 

una palabra de meditación ni duelo interior.

 

No se sufre simplemente por llorar o por amar

 

se sufre por un qué sé yo que se llama no lo sé.

 

Era una poesía la queja sobre la mañana al refulgir

 

solamente palabras sin ningún rumor semiótico.

 

Un quejido desencajado, una búsqueda al lamentarse de quien

 

es el más profético, de quien es el que está más cansado de vivir por

 

la eternidad que se perfuma dorada como una rosa aérea, una amapola

 

dorada o una fuente lunar o un paraíso sin estrellas.

 

Es el don de la rica constitución emergente,

 

del percibir esa imagen que se acaba cuando suena una voz de una

 

quejumbrosa boca,