| www.domist.net/esp cuentos obras |
LOS CUENTOS POR AYMER
( Aymer Waldir Zuluaga Miranda – COL )
CONTRALUZ
Ella insistía en que añil era el color de la fortuna. Yo cauto, la veía parda. Su potente voz no fue suficiente para convencerme, ni sus racionales argumentos matizaron el tono. De pronto, ella me condujo con sutileza hacia la luz y entonces mis ojos, acostumbrados a las sombras, vieron por una milésima de segundo la claridad directa que los tornó ciegos.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
ANHELO
Con dulce voz, la hada dijo: “pide un deseo, sopla las velas y cierra los ojos para cumplirlo”. Cerró los ojos, sopló las velas, pidió el deseo y no había hada, después de abrirlos.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
PRISIONERO DEL MIEDO
Los férreos barrotes de las ventanas dejaban entrar la luz, sin permitirle una digna salida luego. Las cuatro paredes de color aguado contenían el pánico de los veinte cautivos. Parado frente a sus compañeros de encierro, el temeroso Julián intentaba contener el goteo persistente que ya evidenciaba un charco ambarino en las baldosas. Muy tarde escuchó la voz que le absolvía de culpa, le ordenaba borrar el tablero y le enviaba de nuevo a su pupitre para continuar la clase.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
BORRÓN Y CUENTA NUEVA
Con la tiza delimitaba lentamente el contorno de la figura y enseguida recordó cuando antaño, su firme mano lo guiaba por el tablero aceituna. Evocó las lecciones de ancho y largo, de volumen y magnitud impartidas en la vetusta escuela por el estupendo profesor. Borró entonces los límites trazados y dibujó un amplio círculo, que comprendía al cadáver en su plena dimensión.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
INAPETENCIA
Indiferente ante el teclado de su máquina de escribir, toma su lápiz, pero tampoco logra manchar la inocencia del papel. Desganado, enciende el computador y el cursor titilante le invita a pulsar alguna tecla, pero lo apaga, apático. Impasible, abre su cuaderno de notas buscando pasión pero no la encuentra. Vencido, va a la nevera y no toma nada, agotado se acuesta al lado de su amada, pero allí tampoco despiertan sus ganas. Bosteza entonces, sin preguntarse cuál apetito perdió primero.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
PANTALLA PLANA
Cuando bostezó, el control remoto seguía allí.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
ARQUEÓLOGO
Cavó toda la noche para encontrar que el otro lado solo ocultaba el día
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
PRUEBA
Entonces Eva dejó la quijada del burro en la mano del dormido Caín.