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"Cuentos Interruptus"

( Aymer Waldir Zuluaga Miranda – COL )

 

 

 

BEBE

Querida Doncella, zambúllete a ojos cerrados bajo las aguas del Rin, acaricida el agua con tus movimientos rítmicos, danza y canta en el borde de las olas y espera confiada que ellas giren a tu alrededor como lo hacen los planetas en torno al sol. Tu tristeza sólo es la sombra del miércoles, espántala en el recuerdo de cuando fuiste hija de la niebla, pasa cabalgando sobre ella bajo el puente del arco iris, sin desfallecer un segundo. Empuña tu ira para guardarla en la funda de la indulgencia; comprende la enorme ventaja que entraña el olvido y toma de la copa mágica que calma la sed de verdad, esa que una vez despertada, nunca se apaga hasta que es satisfecha. Bebe.

 

 

PRISA

Partiré, dejándote impaciente de mi veneno. No pretendas atrasar la premurosa clepsidra sin retorno, permite que su progresión deje vacío tu suplicante vaso.

En esa sed también es posible tregua, reserva cada gota; emplea las pavesas surgidas del deleite de los nudos para incinerar el hastío a que invita el despertar. Deja que la lejanía destroce los mimos canjeados por pasión.

Soporta la nostalgia que me concederá otro aire y renueva tus caprichos para el reestreno.

 

 

TIEMPO COMPLETO

Con el índice te marco en cada caricia y juega mi lengua pulsando el botón que urge tus pasiones. Quiero desfogarte en el circular movimiento de un sondeo entre gemidos, cuando tropiezo con el nido del escorpión que aplaca tu amnesia.

Me desvanezco y te acentúo al entregarte completa, tal cual te he recibido.

Oscila el péndulo en la permanencia de la vivificante aleación y en su suspenso, quiero dar fe que usas al límite tu capacidad instalada.

 

 

BANDIDO

Me marcho de mí para buscarme y en mi ausencia el carapacho es invadido por rutinas que creía extraviadas, las exhorto a que preparen su escapatoria en el punto de fuga. En el éxodo de los anticuados fantasmas consiento abrir el portón a la antorcha que purifica y en fascinante peregrinación sus chispas

inundan los rincones vacantes. Ya con el cascarón restaurado y en el preludio de mis justificaciones preparo coartadas porque te intuyo distante, pero ninguna será macizo escudo ante tu flameante ultimátum; en el fragor de las hostilidades recuerdo aquel pacto y desvaneciendo la amnesia del sacrilegio se me escurre un te quiero que te derriba. Percibiéndote postrada pero al acecho, recurro a mi honestidad y asesto el golpe de gracia: te acaricio con la certezza que será mayor tu indulgencia al no haber evidencia de delito.