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GUERRERO DE LUZ

( Marco Milani ITA – GUERRIERO DI LUCE – trad. Eva Barberà del Rosal )

 

 

 

Bien. Estoy pronto.

No. No lo soy, pero tengo la necesidad de serlo. Mi futuro, a partir de este instante y de existir como guerrero de Luz. Tengo el honor de comportarme como tal. Ahora...

 

Es espacio.

Espacio profundo, infinito creado, firmamento lleno de estrellas. Miríadas luminosas y desenfocadas de la distancia inconmensurable.

Inmovilidad.

Vórtice.

Una espiral de curva singular y concéntrica a mi se presenta delante y debajo como un túnel para seguir, que desemboca en lo negro lleno de astros. Es una invitación que yo no puedo rehusar.

Vuelo.

Fluctúo... incorpórea entidad sideral, criatura pensante, y en mi no-forma atravieso el vórtice, en un surgir de homogeneidad, remolinos creciendo a mi izquierda. Significa ser aceptados.

Una estrella llega, me viene al encuentro. Me hago consciente inmediatamente y me atraviesa una irrisoria fuente de luz sola, la primera que arriesga a capacitarme en aquel encuentro imprevisto. No estaba preparado.

No he percibido nada salvo discernir y aceptar pasivamente. Inexperiencia. Soy un guerrero de la Luz, no debo olvidarlo nunca. Es esencial.

Explosión de blanco en abundancia. Derramado el blanco absolutamente. Imposición de blanco por doquier.

Trazos azulados de formas indescifrables de fantasmas también entidades vitales... De otros mundos. Dimensiones diversificadas. El mismo Universo... cualquier cosa de más.

En mi futuro estoy aquí, de las alturas de la sabiduría, variados niveles sobre mi espíritu para ser terrenal.

Arrollo la luminosidad ahora atenuada como cuando se cruza un escudo de nubes condensadas, y después me doy la vuelta, permaneciendo a la espera y rememorando como sólido humo mientras contemplo curioso las rarezas de los rizos sutiles creados de la consecuencia del encuentro que yo experimento... hasta que no terminan sus existencias de nuevo en un círculo níveo, perfecto, ahora ya desvinculado de mi percepción fija inminente. Síntomas de lontananza.

Ha desaparecido... y está de nuevo en el Universo. Distante... tan distante que parece plano.

Fluctúo... rotando con una lentitud exasperada alrededor mía y ahora en cuanto a aquello que me aparece como falsamente bidimensional, líneas ondulantes de un inexistente viento cósmico me atraen.

Me voy. ¡No!  Confluyo. Es más probable pero... ya ha pasado.

Como de memoria en imágenes reveo una inmensa boca de lobo, sólo fauces colocadas de manera que pasan por mi lado dejando huellas rectas de resplandor como largos rasguños de fiera brutal en el color melancólico y oscuro del espacio por entero.

Las líneas ahora me recuerdan a las lenguas afiladas de papel, y están todavía aquí, móviles y con aspecto frágil, próximas a mi inaccesibilidad. No tenemos prisa.

Me esperan, parecen hablar y yo les quiero tocar... pero aún no estoy a la altura y voy más allá. Y mientras me alejo de forma similar a un planeador descontrolado, parece que me saludan. Y yo devuelvo el saludo, creo que también sonrío. Sí... he sonreído.

Me giro y me retuerzo andando no sé a dónde como un peregrino sin meta y quisiera parar para pensar, formular una hipótesis, pero no lo consigo. No puedo, no es justo.

Guerrero de Luz no es coherencia el concepto sino desconexión e instinto, no sujeto sino solamente entre medias. Un vehículo que sirve sin una Esencia superior. Me adapto o al menos lo intento.

Miro al cielo por entero que parece una enorme barca con el borde de bambú. Y mientras contemplo su interior de mosaicos mezclados percibo también el negro absoluto de su pupila.

El negro del vacío, el negro de la nada. El negro por mi.

Es aquí donde me dirijo.

Y aquí que ya estoy.

Un pasaje vacuo exactamente con la misma medida y proporción mía no física, y prosigo en el hueco cuadrado descendiendo en rotación, circundando desde una continuidad parecida a un recinto de cuatro escaleras de color marrón con clavijas de bambú o huesos estilizados de fémures aserrados blancos y...

...continúo degradando la escalera...

...está aquí distante...

...permanece sólo una última clavija tan lejana...

...¡bah! Y en cada momento más pequeño y más luminoso y más luminoso y con un microcopio ‘puff’, como una burbuja de jabón estalla desapareciendo. Y de nuevo está el Universo.

Universo de estrellas, Universo de ojos maravillosos.

Y mientras tanto me pierdo observando lo indeterminado desde mi izquierda oleando del fondo lejano apretando hacia mi como una serpiente infinita de percepción inexistente.

El trazado de nada me fluye delante y seguidamente en la calle, pero me relevo a llegar desde la dirección opuesta algo... ¡no! Alguno.

¿Alguno que pasa ligeramente desde abajo momentáneo hacia arriba de un modo correspondiente?

¿Quién?

Ha pasado un instante, un relámpago, una luz oscura parecida a la realidad y después de repente la ignorancia completa.

Desde abajo opuesto otra cosa... ¡no! Otro cualquiera. El mismo. Lo sé. Realidad... Ignorancia... 

Los otros preceden de cualquier parte llegan y de cualquier parte van. Siempre lo mismo.

Y uno está aquí, aparece provisional y se me pone por delante. Y dentro todo espacio que no es sino yo. Sonrío.

Una sonrisa que dice que sabe/sè que no me equivoco y primeramente antes de responder al mío/su sonrisa él/yo es/ya he ido, y permanece en evidencia en mi memoria el tener constante que todos y alguno son sólo y relativamente yo; alguno lo mismo, lo mismísimo, equivalente, idéntico yo... el Guerrero de Luz.

Soy yo primero, primero y primero todavía en mis transformaciones intra-Universo.

Estoy aquí, mientras me introduzco asustado en el vórtice.

Estoy aquí, directo atraído por el blanco.

Estoy aquí, fuera el escudo de nubes, desvanecido entre miríadas de nuevas percepciones.

Estoy aquí, que emerjo ya más fiel en inminentes experiencias en el gigantesco ojo.

Estoy aquí, que... Estoy aquí... Estoy aquí... aquí y aquí y no sé que me espera pero no existe el temor. Aquí...

Aquello más allá es alguno/yo que no ha estado todavía, mi futuro, mis próximos viajes/hechos de Guerrero de Luz. Y esto quiere decir, que para mi hay un futuro. Y somos por ello muy intensamente felices.

Pero ha llegado el momento...

Aquella es una mano inmensa que llega del fondo, está apareciendo como evidenciada por las estrellas vecinas como trazos luminosos.

La discierno mientras sella con una impronta al Universo, gigantescos trazos digitales que se forman y resaltan como su inmensa lámina de película trasparente. Rodando ahora fuegos artificiales en una noche estival. Llegando a ser galaxias, espirales en movimiento retrógrado y anti-hora.

Entreveo a mi lado/recto/bajo otra mano, mucho más grande. Deja la impronta del Universo también ésta y lo enhebra con cinco huellas que se alargan enganchándolo y atrapándolo como si fuesen un folio sutil inanimado de papel débil. El Universo a jirones se escama dejando delante de sí... lo mismo, mismísimo, igual todavía perteneciente al Universo.

Está apareciendo algo diferente al fondo, algo de solemne y grandioso. Alguno...

Es una cara, los mismos trazos de luminiscencia de las manos. La misma cara.

Esto se añade a un cuerpo y es como si ascendiese de un escalón inexistente. Ahora es un todo, un completo yo/alguno que me saluda con la mano y con una inclinación, el saludo del Rei al ki, del Grande al pequeño, del Maestro al alumno.

Yo respondo al saludo, admirado y con esperanza ki, pequeño, alumno, y sé que mi viaje ha acabado. Mi primer viaje como Guerrero de Luz. El recorrido ha sido iniciado.

Puedo abrir los ojos...