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VISUAL
( Sandro Battisti ITA – VISUAL – trad. Eva Barberà del Rosal )
El se movía en su imaginación.
En realidad sentado y aturdido por sus pensamientos más íntimos del cuarto nivel, aquellos más inaccesibles, estudiaba el efecto psicótico de sus recuerdos ligados a visiones oscuras de bandas de moda en aquel momento.
Sus recuerdos: un flujo interrumpido continuadamente de liberaciones psíquicas alarmantes sobre sus orientaciones, sobre sus tendencias sociales. Imágenes.
Estaba trastornado por esta consideración, todos sus pensamientos eran imágenes Hi-G que no se interrelacionaban más con un lenguaje comprensible como antaño que comprendiera los chips: estaba en un estado ya superior. En el tubo conectado a él, del tipo “a muerte”, viajaban hiper-Mhz como iconos fragmentados, y él captaba aquel lenguaje, casi hablando con un escriba del valle de los Templos.
Pensó rápidamente en otros iconos: escarabajos sagrados, faraones, Ra. No fueron más interpretados, no eran más escolares y profesores, alguna materia un río total de visualizaciones, visualizaciones en su sangre.
Pensó en acercarse a Tebas en el Network, estudiar todo aquello que era disponible en el menú. Y en cambio estímulos visibles llegaban de sus oídos cubiertos de un sonido del cuarto nivel expansivo, y de la banda en movimiento en el recuadro de abajo a la izquierda del LCD. Todo su mundo visible interfaz.
Voces jóvenes no respecto a la juventud. Giros de frases. Son obsoletas, pensó, que le devoraban la mente.
Cada concepto que concebía era una imagen, algún recuerdo, antes de asumir un sabor, elaboraba una idea visual del mismo sabor; también las palabras repetidas reiteradamente se despojaban de su aspecto simbólico para devenir luces frías, lenguaje.
En tanto se sentía desesperado.
La obscenidad de su estado de ánimo se le representaba en toda su realidad deprimente. Había colapsado la rabia de existir en un guiso engullido y mal asimilado, post-asimilado: era un solista más que un solitario, había concentrado su capacidad de expulsar los sentimientos grandes como en una onda fragmentada, desenfocada sin color de flash, totalmente inmediatos.
Era la pornografía de un sufrimiento. No quería hablar, ni consigo mismo, ni con otros en el Network, con lo que todo estaba teñido de depresión, derrota, tenía el poder de oscurecer las noches con impresiones de break-down nerviosas.
Fríos provenientes de hombres divisados morenos los cuales caminaban a lo lejos, hacia él acompañados de demonios, compañías esotéricas...
Comprensión. Estaba en sobredosis de comprensión visual. Su cerebro estaba en alta actividad eléctrica y terminaba en sus neuronas, le quemaban.
Se acordó de su nombre, Mark, y lo repitió rápidamente tantas veces hasta despojarle su estructura: le surgió la imagen arquetipo del primer Mark y al lado él mismo, tan distinto uno de otro, con voces del exterior –imágenes, todavía – lúgubres, que agravaban su propia pornografía de vida, enfermiza, sin afrontar su desesperación.
Las voces eran amigas de las visiones morenas, ahora parecidas al ectoplasma, y de sus bocas salían otros iconos tangibles, símbolos caducos y decadentes y de un terror iniciático.
Cayó en el interior de su vacío su misma imagen – ya no era más otro – cayó sobre el plateado vacío y lo llevó más allá de cualquier atmósfera, en satélite, en antena, en terminal, en las tempestades solares de fantasmas suyos y fantasmas existentes que lo apresaron, quedando al final como un virus casi.
Los últimos tipos apresados con espasmos visuales...