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Buenos días, España!

( Marcelino Rodriguez BRA - trad. de Carmen Aparecida Lopes )

 

 

 

 

Hoy me he despertado pensando en escribir un poema sobre cómo tener fuerza de voluntad, por una cuestión de supervivencia, para creer en algo. Iba por la calle Javier Días, en una provincia cualquiera de Argentina, sin afeitarme y con pocas ganas de ducharme. Una parte del dinero se acababa, la otra estaba en manos de terceros irresponsables.

Prácticamente sin vínculos de afecto familiar, me voy convirtiendo poco a poco en un escéptico en lo que se suele llamar “amor entre los humanos”. Soy una mezcla con dos pasaportes que sufre la risa cínica de la gente cuando le digo que soy escritor con intenciones blasfemas contra Dios, quien no me ha dado absolutamente nada que fuese duradero o valiera la pena. Ni aquí ni de donde salí hay alguien que haya leído a Rimbaud o se haya emocionado con la trágica vida de Van Gogh. Estoy solo, verdaderamente.

Y pensaba escribir un poema "te obligo a formar parte de mí, esperanza".

Mi mundo no tiene un contrapunto.

A veces me duele el sentimiento de inutilidad.

Me he convertido prácticamente en un alma sin sombra. Tal vez esté viviendo para los siglos futuros, o para nada. Tal vez sea realmente muy pequeño, insignificante, y no merezca más de lo que tengo – ni siquiera un rincón para avergonzarme en donde nadie me vea. Estoy expuesto. De seguir así, pronto voy a estar pidiendo a la gente: “¿puedo vivir?”.

Mañana gris. Sin sol, sin viento, sin lluvia.

Me inclino sobre el ordenador y leo en el correo electrónico la tristeza de las personas de todo el mundo por el atentado en los trenes de Madrid. En algún momento, se me pone la piel de gallina.

Soy Español. España es bonita y eso me duele.

España es mía, ¿pero por qué está tan distante? ¿Por qué todo está tan distante?

La verdad es que estoy confundido, he llorado un poco. Perdonadme. Todavía soy capaz de sentir algo y parece que en este barco voy solo (tal vez por una razón cínica) para inventar la esperanza. Morir por ello, mejor que por nada.

¡Buenos Días, España! Resistiremos.