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Tengo tiempo de abrirme
( Eva Barberà del Rosal ESP )
¿Qué es sentir?
Como el fuego se consume
como la vida se acaba
el sonido de mi espada se derrite sin cordura
la lánguida voz de mi guitarra me impulsa
hacia el olvido.
¿Por qué vivir sin traquilidad,
cuando todo tiene su lugar...?
Aquel disfraz que me enseñaba que razonar
no era lo mejor.
Siempre la poesía dice algo con su ritmo
la caricia verbal del tiempo sin método.
No sé porqué ese empeño en el arte
cuando la diferencia de una mano notoria
no es la justicia misma de este ocaso mirado
con densidad.
Gusta celebrar la vida cuando aún la tienes
la filosofía del valor
poder continuar
soñando que no hubo un origen ni jamás lo habrá.
Todo requiere un consuelo
y nada se queda sin ello.
El miedo de salir gritando sin parar,
tras ver que no eres el resultado perfecto de todo
que no traslucen tus venas como fuego en el umbral de tu mirada.
Que el dueño de tu sueño es tu mejor amigo,
pero veo que escribir tampoco es la solución para existir
para amar,
quizás debiera morir antes que pararme en esta Tierra dormida.
La pureza que se me enseñó
lo más ingenuo de un reloj
la disparidad de los lenguajes
la esencia de una voz
y el poder de la magia como recuerdo...
Todo enigma extinguido
y la flor perenne del agotamiento en sí
como enojo del malvivir que me colma vegetal
en mi arma-movimiento,
una dulce espera hacia el divagar
del profundo y arduo lento pasar y transcurrir
mis jardines que se pierden como gotas sin nombre...
Divagar antes que congelarte detrás de las sombras de un espejo
y sus antepasados.
He acertado y he muerto
lo ha querido el alma de tempestades
el viento de la sana verdad
la atmósfera que me regala pensamientos
y el espacio del vacío solo.
No conozco el ser de la paciencia-de la bondad;
era un verde poema de antojos serenos
era una juguete-pamela que me hacía llorar,
el escepticismo de mi soledad
la apetencia longeva de sentirse rama de un árbol que no
desea el conocimiento por aparentar.
Es tan loco el viraje del camino
largo el destino sin parar
sin detenerse el olvido por miedo a errar
pues trascender es un pasatiempo tan sólo
yo que amo al verso como a mi,
que soy la niña enfática de la fantasía de mi propia
imaginación.
Nadie entenderá al genio que se oculta infantil detrás de un
poema bello
la musicalidad gigante del aroma del sentido
la quintaesencia
la alquimia de la sabiduría
y la marchitada antigua anticuada posición de las estrellas cuando
rueda el paso del orgullo de la bondad.
Es tan maravilloso andar con calcetines
y soñar...
Vivir bailando despierta,
terminas por ser una sonámbula de colores
la multiciplicidad del arte
lo más clandestino de la cobardía del genio.
La cura de la palabra,
la cura de la química
el espabilo...
No estamos de moda los poetas del eco
no hay un espacio para aquellos que se lamentan sin
ser por ellos lo más cierto del momento.
Tanto giro, tanto escuchar, leer, dormir
sin transgredir
alguien lo hace por ti.
Es tan duro este pasaje
la muerte dura
desaparecer como el susurro...
Pero más tarde aparece el mensaje:
Nadie muere porque vive.
No me colma la astucia enunciativa
no me besa el oculto sexo de la Luna
no me tortura la dulzura de lo más espeso de mis huesos electrizantes.
Caer desde los mares de la puerta del abismo
y cerrarse la tumba de mi templo,
poderse escapar como el aire
pero nunca retornar luz del misterio
porque quizás jamás hubo humor donde
habitó el hombre,
un tiento de cigarra
un motivo para no abandonar...
Pero no creo en la triste emoción del gigante que no sufre.
La ausencia del cristal que me nubla el salto,
el espejo que me anuncia
la esposa de la raza
la virtud sofocada de una dama que hila
el tejer de la muerte
como seda mortífera ese espacial
anhelo de pudrirse antes que parir...
La mortaja de la putrefacción
la nada que me toca el seno
y nado junto al pez de barcas de rutas de animales
junto a la serpiente, el delfín
portavoz del dolor...
Mis pies bailan y repiten estrofas sin ritmo.
Aquel verde "otoño",
la piedra de mi Agosto
el calor de mi "Enero"
el olor de la Primavera.
Sonoridades de placer
abajo las colosales dudas por desaparecer,
nadas como un bailarín
eclipse de mareas
y estigma estelar.
Hay algo que narra,
el espejismo que cambia
no hay silencio porque emigra el resurgir
el profético devenir del látigo temporal.
Grito y
saltan mi corazón,
mis tímpanos se resienten
y arde el refrán de la locura
de la pasión.
Cuerpos de palabras
juegos de arpas
relojes que tocan la verdadera hora,
que palpan la realidad del nudo de la trama argumental...
Es tan distante lo que agita el azar
temida mía la danza por ser castigada en la trivialidad
del egoísmo humano,
refulgente disparar que se separa de la realidad.
¿Por qué la moza no duda en amar?
Es una normalidad tan animalizada
es una tristeza ese querer
es un desposeído amor por dejar de amar más tarde.
El compromiso latente de abandonar lo emprendido,
el arrepentimiento precoz,
los suspiros del más allá,
el retumbar de la mente y sus poderes.
¿Por qué el hombre sí duda?
Poderoso el tacto de la elección o selección,
dador el terrible y nefasto final
de aquellos que se confundieron.
El rincón del encuentro con la equivocación,
la falsa duda que es el fastidio de tener
que volver a recomenzar.
Romperse la cabeza para escribir versos de agua
de naranja,
letras de calcetines de colores
mujeres que hablan
y hombres que saben responder,
múltiples energías
soles y lunas
planetas y mentiras...
Mucha paz y calma
un embrujamiento que me hace cautiva de mi donación
la cadencia del filosofar
como gen climatológico de mi perfil bosquejado como don
del cosmos,
como épocas que fueron y serán
o no lo son.
Como canción que me llama
y no la escucho,
preparada para fingir que escribo
que amo
que siento.
Es inútil.
El amor es transgredir lo real de la irrealidad,
un breve impulso para luego
enfermar de ilusión y palpitar
destrozada por tanto vaivén
de los tendones del Edén
de los miedos del mito que preexiste
nuestra pausa musitada que implica que no es necesario volver
para emerger en lo que más nos perdió...
La poesía que se pierde
entre tanto autobús
el pie que se lanza oportuno para apuntar hacia la esfera de lo
magnífico.
Y pensar que no existe más monotonía que intentar ser
diferente,
puesto que nadie se conforma acaso con lo que és.
Y me lamenta dormir sin disfraz
soñar tan desnuda los brazos del vacío
la agonía de la última morada donde viví
la prosa deteriorada de mis labios sin querencia.
Se evita que el destrozo me refleje,
la pirueta que salva la perfección
y la genialidad de un ingenio que no es portador de
lluvia como el metal de mi imagen.
Quizás me haya abandonado demasiado a la
ciencia,
o la robótica sea un YO.
Pero no domino la causa de mi sonoridad
ni el latir de mi cotidianeidad,
sórdida mi vejez
que habita mi pesar
tras largos paseos en la vitalidad de lo más ecuestre
visitado el lar de la infancia sin perfidia.
Buenos son los cimientos del centro establecido
el absorber del sabor de la apariencia.
Me queda poder amar como hacía el mar
ecléctico,
bailar y curar el alma hogareña,
enseñarme a mi misma
que no puede ser mejor el artista que los demás.
Holgazán mi juego
prosaica mi apuesta por no ser una más.
La semejanza de lo que no es uno,
lo trivial de la mediocridad
la ecuanimidad en la diferencia.
La genética cultural habla,
el alba ha resurgido.
No es tabú mi culto a la sabiduría
no es engendro de donaires el presumir de equilibrio personal.
La consciencia es todo
y el inconsciente habla por sí sólo
el lenguaje de Dada.
La muerte de la inspiración cuando ruge el propio lenguaje
cuando la mentira bulle meditada
y el argot de la casualidad se muestra en terciopelo y clave de Do.
Ensimismada por la razón de mi mente
por la búsqueda de la caricia del saber
más que de una piel...
Amante como el parcial cielo que me acompaña
como la teatralidad de la moda que nutre el bienestar con calor y liberación.
Necesitados de una noticia
de una naturalidad en la acción
se intenta buscar en la connnotación del triunfo por el arte
la planificación de una esporádica aventura
con un manjar de riquezas devoradoras...
No es un genuino acompañante del transcurrir
la cosecha se puede malograr entretanto.
Como la lluvia se consume mis velas musicales
se funde el movimiento con la armonía
y surge la melodía.
No es trágico que yo ya haya dejado de versar
en este surgir
en este metalúrgico ascender y trepar
entre las orillas de lo más tribal
el clan de la oralidad,
donde está o no permitido el paralelismo dialéctico.
Aturdido es que se haya querido plasmar entre líneas
lo que nos dijera la fronda del ecosistema,
lo que la prudencia de un duende nos
incitase.
Porque resulta que cuando escribo existe un
tamiz y un filtro,
una brevedad como día,
una copa que se vacía y se vuelve a llenar
una pesadilla que me quema
como aquella esperanza de salir corriendo y no volver jamás
de donde venimos.
Y es que el ensamblaje, nuestra armazón dramatiza
al no saber prescindir del segundo terrestre.
Es eventual.
Pedir hipnotizada que nos de más
sentimiento, más sensibilidad
para poder crucificarte mejor y
después derramar como siempre unas lágrimas.
¡Basta ya de impresionar a los demás!
¡Viva la sencillez!
El abandono puebla mi ser
una victoria que me quita la sed de buscar porque sí
sino con un sentido.
Se acabaron los despojos,
los copos de nieve sin forma
los animales perdidos
los enfermos descuidados
los viejos maltratados
los malos
los niños desatendidos.
Es bello sentirse útil como serlo
es tan profundo luchar sin consentir verter una palabra hiriente ni
malsonante,
arboleda de mosaicos
cortinas aromáticas
y auras.
No es que esotérico sea clave para novelar poéticamente
y viceversa.
El escándalo de prisión que es vivir
para una condena
lejana la gloria del viviente
ajeno a la tormenta que estalla cuando me enfado
cuando tiembla el huracán o el volcan interno,
y es que me arrastro y vuelvo
vomitando mi terrible léxico que me acompaña
como lo más inútil andando y copiando
el enfatizar de mi antaño doble sentido,
cuando los gatos eran leones
y la serpientes peces
y los peces el Ave Phoenix.
El prado de mi senda que no se asemeja jamás
al cántaro de mi vela.
Porque hacer las cosas no es querer
es simplemente.
El llanto de la paloma que nadie escucha porque no es un águila
que nadie vela porque se aburre el alfabeto.
¡Pero si me aburro cuando miento!
Como si me escondiera de mi misma
ese deseo de partir
de esperar que no suceda por una vez nada,
esa tranquilidad de zapatillas originales para...
esas botitas
rosas de mi atadura a este tiempo de leyes y respeto
de tanta democracia y libertades...
¿Qué saco de ello, oh moralidad?
No es que me detenga, es que
jamás llego,
ni me aproximo.
Estoy tan lejos de lo que soy
que no logro ser en un futuro.
Me traspasa virtualmente la significación y no logro
interpretarla.
Un racimo de sentimientos
que no maduran.
Una universalidad que es amena.
No sé porqué no soy un bicho,
sí.
Comer tan necesario,
amar
beber
no hay espacio para deteriorarse que si no es
fisiológicamente...
Una tarea
un cumplimiento
la mano escritora
el pensamiento dictador
la sospecha
la tenue y próspera riqueza
de la jaula mundana.
Me apunta la ancianidad de mi mar
el secuestro de mi escudo
que me porta veloz junto al barco de mi corazón.
La risa alocada del tiburón que enloqueció vil,
la ausencia de historias que contar porque los
parámetros son muy emotivos.
No sé...
Jamás entendí...
Alguien no quiso que mis dedos partiesen lejos,
que no volviesen nunca,
no se permitió el tejer de nardos
el puro mensaje dador de infantes,
la liberación del Karma.
La falta de respeto por el juglar
trovador
amante del estrofado y profano amor
el platonismo romántico de una dama
que no tiene que estar encinta deseosamente para querer.
Bravura de la falta de conocimiento.
Nadie podría asomarse para captar algo,
solamente aquel que se presta a la dicción y al saber de una galaxia,
de un ADN (genoma),
la alteración de un cómputo
la injusticia,
las semillas que se depositan
la atrocidad del miedo por pura pronosticación.
No sé si "comprender" es un arte
pero para crear debes amarte
y eso es conocimiento.
En el gesto, en la comodidad, en la salud de la abundancia,
en el enriquecimiento de la versatilidad
en la falta de valor para tener que huir ante un mural sofocante
se contiene la perífrasis entre uno y dos
esa finura dual que encanta al más fetichista.
La moral de la castración,
porque luchar puede ser mortal cuando hay un abismo
que separa al artista de su creación,
esa unión entre el par
la sintonía de la polaridad
de lo que empatiza
y tiene sintonía,
la orquesta de dragones
lo más puro como lamento de un punto equidistante,
el ritual de lo polifónico no discordante
el adagio con ritmo
la pausada y elegante rima de un soneto clásico.
Es tan solemne cantar cuando se intenta combatir
la necedad
cuando se estima que el verdadero poder es la enajenación por algunos momentos.
Es recordar que en tiempos lejanos no se podía trasnochar por causas remotas,
ahora desde luego existe el riesgo,
el azul de la moda lenta y locuaz
lo avispado de aquellas soñolientas y cálidas noches que se envuelven únicas.
Cuando más tu cuerpo cae en la falta de sujeción
y se muele el vértigo ante la poderosa alegría de la diversión
la esponjosa y pomposa letárgica abandonada floreada y floreciente
desértica Luna que respira de amor junto a mi.
Muero en la calma y me gustaría tentar y retarme para no tardar en averiguar
el último sentido de esta longeva vida que me cura y me deja.
Esa letanía de tener que tergiversar las expresiones para llegar al auténtico fruto...
Por no querer salir tranquila en búsqueda de las cosas de arriba
para palpar lo de abajo.
Es tan fortuito, tanto hastío
disfruto como un niño-anciana,
como un pez o un elefante en la jungla de caimanes
y no, jamás me canso de esta pauta.
Salir sin proceder a los hechos,
quedarme como una lámpara disecada delante de aquel portal infinito
como es mi metáfora o la sombra de mi presencia en la lozanía
oscura
como perdida y asombrada.
Pobrecita la incestuosa y derruida imaginación de fantasías indomables
la impetuosa y afanosa persecución de mamá
vertiginosa aparición de infames vírgenes con ánforas de simulación
precoz
al lado las palmas del sortilegio cruel
una herencia maldita de infectados dichos y humores
temperamentos como mandalas
la circular pirueta de la mortalidad salida-escapada de un jardín de rosales
en mis pies,
de acontecidos misterios como hojas de titanes
libros, caléndulas y artes herbales
durante el parto de frondosos y crepusculares el himno gracioso de la visión.
Mi alma como doscientos cadenciosos anillos de pétalos sobre el pelo de imán
una catalizadora diadema, la amistad.
El trenzado de mi abanico
la sortija de mi sortija
o el modo en que me escucho
cuando traspaso lo que nunca estuvo en mi noumen,
aquel famoso eclipse de Marte
lo que un agujero negro y el pulsar pudiesen crear
el lenguaje de una estrella antes de nacer
el ombligo
el cordón umbilical que me une a la Tierra
y entonces me convierto en extraterrestre y me anulo como sufriente
puesto que mi cordón se ha roto
ya no padezco
ya no soy uno más
porque me he liberado
como un tulipan sin ser plantado
crecer sin tener que pagar por ello
amarse sin reírse de los demás por tanto
mezclarse entre semillas que no se posan por no depender...
Es ese poder
esa marginación sociabilidad sin dar mayor oportunidad a la transcendencia
que la de ser inmortal y no decandente.
El humano que no es en tanto homo sapiens
en tanto que arma letal.
Un disparo de unísonos cuantiosos aplausos
y un atrevimiento arrojo al abismal y colosal
desnudo el movimiento por no fertilizar el instante.
Son tantas las palabras
tanto la complicación de permanecer en un depósito intangible para otros.
¿Qué más da?
He conseguido amarme como nunca lo hiciera otra vez sin soñar el idilio
de lo que traspasa los hilos del telón azucarado
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