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Tarde de lluvia
(
Suspiro de cenizas.
Tarde;
la blanda llovizna
sangrando las tierras polutas.
Nubes de sucias manos
absolvieron el rosado del crepúsculo.
Avanzan turbias las horas,
con relojes manchados que cuentan
a la noche irrevocable.
Se tiende al césped
el tizne goteado de la tarde;
abdicada en las veredas
la hojarasca bronceada y senil.
Y ya no está
la vergüenza pesarosa del ocaso;
o el amarillo, cesado
por la pálida magia de algún relámpago.
Llueve sobre la luz del día;
el árbol de pluviosa corteza,
el tallo libido de la curva rosa;
polvareda líquida del suelo,
gorrión de alas empapadas
(extinta su altanera ansiedad).
Y la floresta suda sus colores
en las grávidas aguas, en el cielo
que exclama lo triste de la belleza.
Claveles hay que lloran vino;
y los pétalos de luna brotan
la blancura de un jazmín.
Pues las horas
vienen, lentas, por la plaza;
por el sendero con luz de vidrio,
en el musgoso tatuaje de la fuente,
en los intensos canteros de azahar;
mustios ancianos, sobre los bancos
donde la muerte los buscará;
y la húmeda musa de la piedra
tiene un plácido sigilo de estatua.
O acaso vienen
a mis ojos que añoran
el cielo; ebrio de gorrión,
y de nubes límpidas y secas.
Pues la lluvia ahora es una noche;
que en un sueño se me va muriendo.