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SOIF Cristina Castello

 

Aquí se canta a la Belleza, al Amor y a la Libertad, y se aúlla por la falta de belleza, de amor y de libertad del mundo. Si tomamos estos conceptos por separado, cada uno implica a los otros. Así, no hay amor sin belleza y libertad. Lo cual, en este caso, vale tanto para la Humanidad como para los seres singulares que aman. Pero los amores concretos también se degradan y pierden aquellos atributos sin los cuales no pueden ser. «Soif» abarca, en tres «movimientos» -la belleza eterna, el mundo prisionero del horror, y las venturas y desventuras del amor hombre-mujer- el anhelo de unidad de lo que es inseparable por definición. Sin embargo, la arena penetra en la garganta, y la sed no tiene final. «Sed Garganta Arena» es precisamente el título del poema que abre esta breve pero intensa selección. De una intensidad connatural a la poeta, quien sin haber publicado antes ninguna obra a título individual lleva la poesía en cuerpo y alma desde la más tierna edad, cuando su madre le recitaba lo mejor de los poetas románticos y modernistas. Y decir «Madre» aquí es como decir: «En el principio fue... el Poema». Cristina, en efecto, fue dada a luz en la Luz. Una luz que resplandece «verso a verso, golpe a golpe», como diría Machado, porque todo, tanto en su escritura como en su persona, estalla en una luminosidad que golpea, sí, en lo más hondo de nuestro ser, pero... acariciándonos.         

  Ricardo Dessau

 

SOIF
Cristina Castello


Préfaces de François Xavier et de Oscar Barney Finn 

Illustrations de Antonio Segui et édition de Ricardo Dessau
 

Ici on chante la Beauté, l'Amour, la Liberté et on hurle l'absence de beauté, d'amour et de liberté dans le monde.
Ce recueil comprend en trois mouvements la beauté éternelle, le monde prisonnier de l'horreur, et les bonheurs et malheurs de l'amour homme-femme - l'aspiration d'unité de ce qui est inséparable par définition. Toutefois, le sable pénètre dans la gorge et la soif n'a ni fin ni cesse. "Soif Gorge Sable" est précisément le titre du poème qui ouvre ce bref mais intense recueil.

Illustrations exclusives de l'artiste Antonio Seguí.

Illustré
ISBN : 2-7475-7193-9 • octobre 2004 • 130 pages

 

 

 

http://www.harmattan.fr/index.asp?navig=catalogue&obj=livre&no=18133

 

 

 

Destellos iluminados de la palabra liberada

 

La pequeña hermana de Rimbaud vive en Buenos Aires. Es verbo puro. Nombre desnudo de la palabra encantada, lleva consigo el diamante perdido de la humanidad: el amor. En el torbellino del horror cotidiano de un mundo enloquecido, Cristina Castello persiste en buscar la belleza en un estallido de silencio. Salida indemne del diluvio de oscuridad que se abatió sobre Argentina, en una época en que los militares creyeron que el ejército tenía un alma, ella se convirtió en periodista para ayudar a salvar al país sin dejar de ser la poeta que en cada segundo de vida respira a pleno pulmón.

Hispanófona de nacimiento pero políglota de vocación, aquí está presente, en la lengua de Voltaire, con este espléndido libro de poemas dedicado a la condición humana. André Malraux la habría acogido con los brazos abiertos, mensajera de una cultura tan lejana en kilómetros pero tan presente en paralelo de crepúsculos. Poesía bendita de la lengua universal, el misterio del agua azul infinita de mar y París, como capital mística, reunidos aquí bajo la cobertura de un editor del sur con nombre de viento, y así se cierra el círculo de un poeta al otro con suelas de viento, ese aire insuflado, precisamente, para pregonar en los senderos de la vida las esperanzas del corazón de los hombres.

Poeta de miríadas de estrellas en la noche del mundo, Cristina siembra las pequeñas semillas de un himno dedicado a los justos, una Novena Sinfonía argentina, milagro de la sintaxis en el flujo y reflujo de las mareas humanas. Alabemos entonces nuestro tercer milenio, que nos habrá aportado también este Internet, magnífica tela de araña donde cada día se tejen los amores del mañana; espacio de libertad y creatividad donde encontré a la bella argentina un día de septiembre del año 2003, a la vuelta de un enésimo vínculo que me impulsó hacia su sitio, extraordinario santuario de la palabra justa, de la artista inocente apasionada por la justicia y el amor.

Leamos Sed como un náufrago del desierto ¾lo que somos en realidad¾ y aprehendamos esta pequeña muerte, que es placer vivo, en la cascada del poema, en la música de la palabra justa, al ritmo de la puntuación insolente de verdad. Leamos, leamos y releamos, en la claridad del sol poniente, el hielo azul del poema cristalizado en páginas blancas. Leamos la Argentina bajo sus mas bellos atavíos, amémosla también como el país de Borges, pero desde ahora como el anclaje de una voz de bronce; Argentina, el país de Cristina Castello.

FRANÇOIS XAVIER París, 1 de junio de 2004

Transición entre la luz y la sombra

 

Cuando conocí a Cristina, hace ya algunos años, la poesía estuvo presente en ese encuentro.

Ella llegaba desde la lejana tarde provincial cabalgando un mundo de cambios y estridencias, pero conviviendo con ese estallido en silencio que es la poesía.

Eran años de descubrimientos, de estéticas, de sueños.

El paso del tiempo no importaba y la ansiedad por el conocimiento esfumaba los límites de la noche y el día.

Tenía que crecer y lograr unas alas enormes para sobrevolar el desierto, para hacer de la poesía una visión del universo y descubrirlo con ojos de niño.

La ciudad nos perdió y nos reencontró cuantas veces quiso.

Ella trató de prodigarse en editoriales y emisiones televisivas que acrecentaron la necesidad de hallar en el fondo de su silencio las palabras reveladoras que hicieron decir a Ungaretti: “Cuando encuentro en el fondo de mi silencio  una palabra es como si se abriera en mi vida un abismo”.

Pero en ella las palabras nos conducen a torrentes y huracanes que nos arrastran inevitablemente hacia la belleza, el amor y la humanidad.

Desnos, Couperin, Redon, Kavafis, son pequeñas boyas en un mar profundo y sonoro en donde uno puede sumergirse sin temor de rozar las costas oscuras, y que algunas noches evocamos desde una terraza con aires de “fiano romano”, o en navidades y cumpleaños con amigos, recuerdos que nos hicieron presentir futuros mejores que los vientos de cólera parecen alejar para siempre, expulsándonos de una tierra conocida a la incertidumbre.

Hoy la mirada de Cristina se nutre de profundidad con la belleza, pero también con los estremecimientos de una humanidad caótica e injusta.

Busca alrededor suyo los momentos de transición entre la luz y la sombra, o en el pasaje de un color al otro, apelando a la memoria para asegurarnos la integridad de nuestro ser.

Cristina Castello sabe al presentar Sed que no existe nada más cercano al misterio que la poesía, y hay en ella una música profunda y secreta que entreteje ideas, palabras e imágenes que buscan la vibración hermana para reproducirse en un juego de infinitos espejos. 

Exquisita y profunda reflexión sobre el destino del hombre y la vida, con un aliento diferente. En ella se ve el talento y una aguda sensibilidad hacia un mundo que se desintegra, aplastado por la injusticia y donde el amor se derrama en cuartos vacíos.

OSCAR BARNEY FINN

Buenos Aires,  15 de junio de 2004

 

Cristina Castello - www.cristinacastello.com