www.domist.net/esp artículos

Gira el pensamiento como planeta (astrología)
Eva Barberà del Rosal




 

La astrología es tan natural como el reloj.  No insulta, no condena, ese diálogo mismo entre tu y tu yo.  Un consuelo sentirse acompañada por tanto misterio como el cielo mismo y su voz sobre el ego y la plenitud inconsciente situacional.  Un abismo que nos toca como engendro posicional allá donde surge la poesía del sueño de la noche con tantos enigmas como mitos humanos y arquetipos o senderos transcurridos como el mar de un verso que nos contagia el alma de temperamentos que saben a cenizas de luz.

Es inmensa esa vasta sabiduría como un imán virtual que equilibra las pasiones ahondando en lo más fértil de nuestro ser errabundo.

Una meditada pausa para penetrar en lo más atmosférico de lo perdido como derretido tras surgir la bruma y el viento espacial sobre el cual giramos todos transhumantes  como la vida ciega ella misma de su disparidad.

Hemos estado tanto tiempo escondidos en este pasaje infecundo que nos hemos convertidos en enfermos del día y noctámbulos de la noche, que cantamos melodías sin calma, que sollozamos agonizando tras saltar con el ratón sobre una pestaña, que nos morimos...

Y qué más?  Que no queda ni un maldito hueso de nuestra esencia.

Sin embargo hay permanecen nuestras estrellas que nos dan la mano, que nos estrechan el semblante y nos acunan sin miedo lo que el alma fuera.

El velatorio de seda de fugaces arrepentimientos queda póstumo sin huellas, sin un marchitar sobre la colina que permanece como luna entristecida sin ansia.

Hemos intentando matar nuestra única esperanza con el único consuelo de intentar madurar sin darnos cuenta de que no somos lo que fuimos ni lo que seremos.

Las estrellas nacen y mueren, la eternidad de nuestro es nuestra mundana condena, la muerte. 

Y tras revivir nos encontramos.

Y el encontrarse es tan sólo un paso sin repetición, sin duda. 

Tras esa dicha se cumple el deseo de revivir sin pausa, porque al fin existe la comprensión sin álgebra esta vez. 

Está claro que las estrellas son psicología como el hombre es cosmos, como el arte es todo...

Nadie cree en la astrología desgraciadamente del todo porque no se siente reflejado como ser cosmológico en un cielo poblado de esencia, que es también la tuya.  Tu no eres así porque sí, tampoco porque no.  Pero no somos viejos caducos del azar si no nos inspiramos antes en el ocaso del infinito que ruge.

La paciencia y la calma que sugiere el azar es tan tremenda como absurda.  Es un puro teatro del absurdo.

La ligereza con que se contornea todo este asunto donde se trata de una temática que aborda la psicología profunda de un cielo poblado de magos y magos, de una espiritualidad como mensaje colmado de realidad.  ¿Por qué no?  ¿Por qué nos dejamos potenciar sin antes pensar que cada instante es un cambio, que cada momento es algo más lúcido o más caótico...?  ¿Qué cada status es una solemnidad si establecemos una comparación con lo anterior?  De hecho como decía Calderón de la Barca, “Nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color con que se mira... “  Todo depende de nuestro pensamiento en sí, de cómo pensamos en ese determinado momento.  Nada está tan sujeto a unas normas científicas como nuestro propio deseo-pensamiento. 

Es lo más puro y abstracto.  Lo más emotivo y por tanto arquetipo, dejándonos llevar por grandes pensadores y grandes hombres que no sólo tienen una mente matemática sino también poética sensible.  Es necesario ser hombre y ser sensible para poder llegar a aprehender “las últimas verdades”.  Sin hombres espirituales el mundo está perdido a todos los niveles.

Estamos tan regidos por pensamientos demasiado rígidos y estructurales que nos abandonamos sin corrección ante lo más trivial que es el amor sin verbo.

Es tan frugal sentirse libre y sin ataduras que nos encanta fingir que estamos solos y de algún abandonados al destino puro y metafísico de un alguien que nos condenó a la falta de conocimiento;  y de alguna manera esa es nuestra gran comodidad, el hecho de pasar la vida sin tener que demostrar nada, tan sólo nuestra subjetiva existencia es bastante probable y de hecho puebla nuestra motivación a la hora de reflexionar.

No hay nada mejor como lo no descifrable aquello que incita a una postura sin llamamiento a una postergación iluminada.

No hablemos de reciprocidades y metas, de ilustraciones y saberes.  Nadie desea quedarse alejado solamente porque no sabe lo suficiente.  También existe la astucia como en todo.

Pero la astrología es tan científica como astuta, tan explicable como que nunca guarda rencor por nada, como que no tiene el menor derecho de ser enjuiciada por un menosprecio de unos cuantos influenciados de tal modo que no saben ni llegan a saberlo en toda su vida qué es la creencia, qué supone aceptarlo en su vida, el mero hecho de creer y abordarlo mentalmente.

Infructuosamente la tortura lastimera del que no sabe, el que no puede demostrar porque no tiene nociones y destruye con un lenguaje insignificante lo que alguien más poderoso construyera, llamémosle extraterrestre, alienígena o de cualquier modo, lo infundado y psicológico se fundó.

El saber se acomodó en nuestra mente de un modo inconsciente, acumulamos complejos y nos preguntamos...  ¿De dónde venimos y a dónde vamos...?

Y todos quisimos responder con alguna palabra aprendida hace tiempo como un lorito que repite, como aquello que no llega a tener valor por su carencia de sentido incluso algebraico.

Se intenta saltar de un lado para otro y se embiste por un camino no muy preciso para unos pocos ya.

Estamos cada vez más unidos en esto:  La incertidumbre es nuestra madre, y de ello me colma el sabor de una estrella que me ama porque yo la interiorizo.

Es bello el reconocer que a parte de nuestro planeta existen otros que nos iluminan el conocimiento.

Que nuestro nacimiento tiene que ver con el origen de los todos, de los otros.

No es una pérdida de sentido atribuirle un sentido, un significado y una palabra a esos planetas que giran como tantos.  Es un acto razonable en todo caso.

Abordarlo todo como si fuese lo que es, auténtica ciencia y completísima investigación en el submundo de lo más real, que fuese mientras viva tachado de algo irreverente y bastante cargado de locura inspirativa.

Es evidente que nadie termina en esta vida por ser un experto en nada, pero hay que dejar que el hombre o la mujer no se pierda solamente porque tiene un ángulo disoluto en su divagar trascendental.

No estoy hablando de que nadie sea una piedra, pero es un acto totalmente de enemistad con las estrellas no quererle reconocer su status de sabiduría congénita con nuestro planeta.  Están ahí por algo.

Nosotros somos sabios, y de alguna manera ellas también son sabias y nos quieren porque sino ya nos habría aniquilado alguien a nosotros y a nuestra raza disparatada de energúmenos que no atienden a explicaciones, y que siempre buscan quedarse con la razón antes que nada, claro su “razón”.

¿La astrología qué es? 

¿Es amor, filosofía, psicología, ciencia, dinero, la vida, el reloj, el destino, el tiempo, amistad, hobby, creencia...?

No tiene respuesta.  Es pura magia su responder, un sendero atravesar largo para no llegar a alguna concreción bastante abstracta.

El movimiento de los astros es versátil y ambiguo, pues no siempre han estado ahí.

¿Qué ha habido ahí antes de ellos?  ¿Qué o quién ha existido antes que ellos?

Soberanamente me condeno a no encontrar una lógica evidente, algo que haga más patente nuestra existencial o dimensión existencial, como se llama la vida plena de la conciencia, si es que acaso no vivir es vivir en el inconsciente, arrojarse inútil como un velero derramado en las lágrimas de un ser no existente y por tanto superior.

No quiero desencadenar en un lamentable doble sentido o giro ambivalente pero este disparo de soledades en compañía de visiones que demuestran que yo existí porqué pensé en ese momento...

La astrología demuestra antes que nada el complejo con el cual se vive arrastrándose uno sin más palabras que la tristeza de un alguien que simula.

En cualquier se puede llegar a maximizar la teoría y reírse de que en el paraíso jamás hubo un ente superior.

No es decir que todos somos iguales, pero es tratar de no dramatizar en todo caso.

Nadie lo merece.

El drama se supera con una somera aceptación de que el rosa es rosa, de que el amarillo es amarillo, de toda la gama de colores, de un choque expresivo que me conduce a una simbiosis entre el todo y la nada, la existencia y la no existencia en un mundo donde las estrellas son capaces de lanzar mensajes también auditivos, captando el interior de esas magnéticas estrellas que no son por supuesto nimiedades sin cultivar, puesto que se encuentran latentes escondidas en nuestro interior como pequeños puntos, como ínfimos...  la sangre de nuestras venas el influjo solar y los huesos de nuestra magnificencia.

La pobreza de habitar sin esperar que el pasado...  que el pasado vuelva como fruta tan absurda en nuestro lar que abandonar sea el propio e íntimo destino sin elección por faltar, bravo por un plutón en leo.  No desear partir tampoco desea retornar al hogar...  Esas últimas imágenes de locura, imposición y mentira.

¿Por qué tanta imposición y tanta metódica pauta, si es nuestro puro palpitar el silencio de nuestra cordura sin distar por un centímetro medido la distancia entre el Sol y la Tierra? ...  El arte floral de lo más desechado cuando se lucha contra algo tan espesamente poblado como los planetas ancianos ante nuestro despertar por cierto agnóstico como tal vagancia de intentar explicar la perífrasis más vital como es la inteligencia dispar de la punta o de un punto en el cielo como el mar, el eco y lo más fugaz de nuestra esencia, siendo sol Arte, siendo Luna mi pureza de la enseñada astrología;  cuando el dominio es el sueño y la mezcla entre magos y brujas que pronostican nuestro encuentro con lo nunca más poetizado como es el dolor de ser más dueña de lo que nunca se perdió como ansia encendida.

He mostrado que perder la batalla es volver inciáticamente, reprender el vuelo, reiniciar un camino, desprenderse de un reloj para moverse según no pauta.

Es inmortal que vivir sea un sueño más viaje como astro que capaz de volar.

Arte como magia, ficción de lo letal, cuando duerme el huracán soy más prisionera aún de mi alba de moza-titán.

Y es que el duelo de muertos-vivos, el ansia de traspasar esta huella tan profunda familiar que deja, nos deja el alma cuando vive el usufructo interestelar.  Una astrología colmada de fantasías como mundo enigmático, como sugerencia espectacular, un terreno sin perfeccionar??

Un eterno aroma de plasma, más oxigeno, más hidrógeno, pero mucho más imaginación y un apuesto esencial mito como drama vivido como causa heroína de la bravura del genio existente;  pues no hay más valor que la empresa de una querencia como es la vida, un puro refulgir en el deseo de entendimiento rico en pétreas y ensortijadas almas, luces que giran ambientando lo que fue una dama-mamá, esa vagabunda de cachorros, oh alma mi astrología, un enorme animal sensible que ama a sus hijos.

Iracunda la pasión con que se encierra un mandala en si mismo tras enloquecer.

Enloquecer por una cuadratura???  Me sirve de consuelo creer que pienso cuando me encierro, cuando alguien me presiona, cuando me asfixio, cuando salgo volando.  No puedo creerlo.

Satisfactor poder pensar, ya que qué somos sino pensamiento de estrellas?

Estoy tan satisfecha de ser un pensamiento de Luna, o que yo cuando pienso en la Luna, ella se acuerda de mi, y se refleja en mi, y entonces yo puedo cambiar como cambian los ciclos lunares.

Ese eterno cambio tan ambiguo pero tan espectacular, casi uraniano, aunque Urano es muy lento.

La Luna es rápida, los cambios no son verdaderamente tremendos, aunque afectan a la persona laboriosa y con la afección o aflicción tal vez afectuosa de un Ser volador “plateado”.

Asciende nuestra conciencia algo neurótica con el típico miedo de perderse en lo más cambiante periódico y noctámbulo, astro de la noche, regulador de temperamentos, sensibilidad de llamas de agua.  Es tan acuciante que me deja embaucada por la transformación experimentada en la expresión palpable de una iluminación causada.

Urano es el gran tempestuoso cambio.

Hay cambio, gran cambio tan poco paulatino y tan sorprende.

No es lunar, o bien, si es un poco lunar este planeta en su divagar portador y portavoz de la palabra con significación enérgica, abriendo con propulsión la voz de un mito nada vulgar y puramente electrizante.

Un vigor como captar las ondas de un magnetismo con paciencia.

Ese electromagnetismo que inspira al tiempo invernal y estacionario.  Nos sentimos perfectamente invadidos por una atmósfera cargada cuando nuestros intereses no son compartidos por otro, cuya obsesión podría conducirte a ti misma incluso a la locura. 

Esa vocación descentrada como puede ser la de ser una bailarina inclinada a demostrar (Sol en Leo en el Medio Cielo) en conjunción con Venus en Leo.

Es aquella mágica esencia que queda de lo que se contuvo con un aliento, como si el genio escapase por temor a ser visto rendido.

Jamás hubiera deseado encontrarse consigo mismo palpitando por despertar de nuevo, esa radiante poesía del movimiento de un Marciano en el medio en el Medio Cielo.

Se une aquella característica de que el sonido es parado por la metalurgia del destino, aquellas palabras intuitivas de un saber como consejero distante e instantáneo.

Se dice que la verdadera sombra es saturnina.  Yo abogaría por un complejo más bien, no por un verdadero sufrimiento.

La necesidad de terapia es caracterizada por un plutón acentuado.  Es tan fuerte el sufrimiento que nos cala profundamente hasta dejarnos unas huellas imborrables en nuestra psique y en nuestro cuerpo, algo que no desaparece jamás ni con el olor de la primavera.

¿Nos sentimos orgullosos acaso de ello?  ¿De aquella tiranía de ensueño atrás olvidado?

Se diría insulto a la soledad si miento, pero verte reflejado en tu más profunda y egocéntrica máscara es como ver endiabladamente a los demás, es ahondar en aquellos lamentos que provoca la más dulce y sonora voz del amanecer, porque quedan enriquecidos nuestros sueños por momentos. 

El inconsciente se mece y se relaja y vuelve a gemir lo que nos queda como un duelo en nuestro más ínfimo yo algebraico.

Se manifiesta en nuestra personalidad lo que nunca tuvo un fin de equilibrio.  Pensar que hubiera querido transgredir como fuera aquellas malditas normas de la teoría de la astrología, aquel embrujado mito enorgullecido, pero era tan tupida la tela, tan engendrado el vuelo de titanes, las lanzas de ataque, el escudo imborrable, el sendero sin retorno, el camino rectilíneo sin volver atrás porque nos quema el olvido, tratando de discernir que no hay más que hacer que el tiempo.

Entre la astrología y la parapsicología subyacen varias divergencias a tener en cuenta y considerar a la hora de analizar cualquier hecho sobrenatural proveniente de otra dimensión o de un mismo más allá natural celeste-astral.

Si por un lado la carta nos puede hacer una indicación de que sería mejor abordar el camino de abandonar una casa habitada donde ha fallecido un ser querido por motivos más bien mitológicos-psicológicos.  Por otro lado la ciencia de la parapsicología se inclinaría por hacer hincapié en continuar en la misma, en dicho hogar, puesto que nuestro deber sería el de estar más cerca de esta entidad a través de la materia misma.

Algo que juntamente se contradice enormemente y que no deja de jugar con la subjetividad interpretativa de cada uno.  Incita a una gimnasia mental donde los nervios del desenlace impiden ver con claridad un resultado evidente y con un cariz bastante casual, dejémoslo ahí...