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INTELIGENCIA UNIVERSAL    Eva Barberà del Rosal

 

 

 

 

 

El arte del movimiento cósmico está sometido al cambio fortuito, una manera de caminar sin titubeos, gozando en último término de los rayos del infinito, lago de fuentes electromagnéticas que aportan belleza al momento.

El tránsito de la última espera, cuando aclama el tiempo la magia instantánea de una fugacidad demiúrgica.

Sometidos al ocaso, invertidos espacialmente acertamos nuestra espera perdidos en la longevidad de la apariencia, aquella magna mentira que nos acompaña día y noche.

¿Por qué nos regimos por esa alteridad, esa compaginación matemáticamente material?

¿Por qué hay que dormir?

¿Por qué soñamos, por qué estamos viviendo en un sueño momentáneo y cotidiano?

Aquel respeto por todo aquello que se atreva a transgredir lo más rutinario como es el reloj, el impulso de vivir con o sin ganas y la muerte.

Esta expresión temporal de que “morimos para vivir”. 

Suena comúnmente extraño abordarla, pero se ha creado un instinto que nos habla de la lógica de una existencia o preexistencia, nunca se llega a tocar con cierto enfoque y transparencia la anciana verdad disparatada, aunque muchas veces nos sentimos poseídos por alguna estrella como el Sol.

Divagar a un ritmo aconsejado supone la mayor ilusión de esta aparición terrestre como efímera, tanta magia musical y tanta arpa llena de espinas que nos condenan al sufrimiento del no saber por doquier.

De algún modo nadamos infelices entre corrientes de angustia y falta de calma.

No podemos ver lo que otros ven.  No sabemos tampoco quién es el otro con certeza. 

La muestra de una ambigüedad que conduce al destrozo desequilibrado.  Todo por no hacer una pausa en el recuerdo y lograr traspasar el vuelo como una irrealidad...

Todo es muy acertado al narrar, al contar y versar...  El arte de vivir, el arte de soñar, el arte de calcular...  Una simulación arquetípica cuando resulta que hay más aquí que allá.

Si resulta que el símbolo es complejo y el mismo lenguaje es ambiguo.

¿Pero qué más da...?

El soliloquio y el monólogo o diálogo interior, la lucha por descubrir en realidad de donde venimos y a donde vamos.

El látigo del inconsciente, el mundo que nos acompaña como universo, como las alas de un cuerpo extraterrestre.

Esa luz tan oscura y tan negra me ciega y me ilumina, la imagen portavoz estética del cúmulo de respuestas de giros planetarios en sentido contrario.

¿Por qué este orden?

¿Por qué esta similitud?

Es factible para algunos que todo esté contabilizado y para otros no.

No se puede posponer la suerte de todos en una misma apuesta.

El resultado es la anulación de resultados, puesto que no hubo una misma oportunidad para todos.

Ese polvo emblemático de estrellas que forman galaxias enteras, de almas que pueblan los puntos de eco de luz.  Es tan estrechamente sintomático que hayan dibujos estelares, formas, un lenguaje del cielo que nos habla y no sabemos apenas interpretar.

Ese rugido de Marte, esa sociabilidad de Venus, la Luna y sus ciclos.

Hablan, ellos nos hablan, aquellos que están arriba.

Somos parte de ellos, de ese magnífico todo.

No sé aún qué es el todo, pero me amo como trozo de estrella, como soplo universal, viento de canción, cosmos movedizo, alma sin razón.

“Vivimos” junto a la luz y estamos a oscuras.

El recuerdo de que alguna vez hubo un diálogo entre mi ego y mi esencia, entre mi máscara y mi yo, el espejo de mi tortura terrestre mundana y mi alocada alma, esa ruptura entre mi disfraz y mi quintaesencia existencial.

¿Por qué vivir?

¿Por qué llorar?

¿Por qué partir ya?

Nunca es temprano para nada, nunca fue tarde.  La maldita medida y su mesura me recuerda que lo perfecto se funde con lo más periódico.

Sin querer estamos preparados para abandonar esta morada, para caer en las manos de la superpoesía de imágenes y fantasía eclipsada.

No es un sueño lo que es la vida, es una póstuma muerte, es una futura...

Después de tantos años de preguntarse, de intentar hablar con aquellos que han dejado de ser cuerpos con movimiento aparente, de aquel árbol que ya no es un robot, se lanzan palabras que son duelos, mezclas de criterios.

Habrá un día en que la vida será comprensión, eternidad...  Probablemente el genoma será universal y no cósmico.

Volará no sólo nuestra imaginación, quiero decir seremos todo fantasía, pura imaginación y sorpresa en la acción intencionada.

En esa absurda empresa del ahora se basa el problema del más allá. 

No nos dejamos evolucionar con nuestro ansia de presente, no marchamos no emigramos más y más.

Ese temor y ese consuelo de vivir en el suelo de la tierra con la “presencia” nos hace genios no inteligentes, y eso nos paraliza.

La próxima vez que se ame retornar a este nudo de planos paralelos, a este encierro de flores sin más color que la pintura del tiempo vendrán compañías no precisamente dibujadas por un ente sin carisma, la deformación de las alas del espacio...  vendrá el más musical tiempo de la dulce y serena dicha y selección.

Habrá tantas clases de almas, tantas clases de estrellas, de cosas tan desconocidas, que el placer será de reír al conocer, de pararse en ello y disfrutar.

No es el amor, no lo será la fuente de la cual nutrirse...  será la comprensión auténtica, algo tan inusitado como la emoción verbal musical de una canción pop o de un salto acrobático.

Es y será todo tan calculado-enigmático-magnético-futuro-real-verdadero-emocionante vivir para ser la curiosidad sin materia.