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LO QUE ESTÁ Y, AL ESTAR, ES
por
José Repiso Moyano
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Algo es normal porque responde a un hábito, a una norma -por voluntad ideológica o impuesta- o a una costumbre. Lo normal también puede
contextualizarse como lo que corresponde a la reacción más común -en frecuencia- ante un hecho en virtud de una racionalidad y unos valores éticos -de hecho es una reacción acorde a unas leyes físicas y a unos valores humanos-.
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Por ejemplo, si una persona come todos los días no se puede decir que "con normalidad relativa come todos los días" y, si varía algo esa normalidad durante un intervalo de tiempo, existen ya adverbios -que para algo están- que especifican qué algo de la normalidad se ha restringido en esos momentos: "ahora come más", "come bastante menos", "come apenas nada", etc.
Igualmente si un país afronta un conflicto bélico la normalidad está de un día para otro en función de esos adverbios, no a la estólida válvula de escape de que "su normalidad es relativa"; puesto que se manipula, se confunde, se atenta contra la mínima racionalidad y al derecho mismo de información. O, dicho más claramente, lo normal en la información es siempre informar, no desinformar o el sustituir elementos del lenguaje por términos vacuos, inconsecuentes con la realidad, manipuladores.
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Así que, cuando se atiende a una normalidad, es porque esa normalidad existe ya sea en el contexto racional o en el contexto del atavismo; y se continúa -aunque fuera con variaciones- o no se continúa para en adelante o para unos instantes.
No se puede menoscabar la información o ningunear, de resultas, lo que es; intrigar con un lenguaje de locos lo que es tan fácil como no retorcer lo que es, un hecho, que existe ya y que la información veraz pasará por reconocer -en un orden racional- sus elementos objetivos: existe una rivalidad, existen unos muertos con nombre y apellidos, existe una
destrucción de recursos, existen unas manifestaciones, existen unos niños que pagarán unas consecuencias, etc. Ahí está la objetividad absolutamente y, tras ella, con gustos o disgustos o con advertencias más o menos acertadas, las opiniones. Pero se debe distinguir una cosa de otra, esto es, no deben primar los intereses propios en la información primera o primordial porque, si no, se manipula una y otra vez.
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A todas luces, la calidad y coherencia de la información será la que ayude a resolver los conflictos sociales; porque primero siempre es necesario saber qué pasa realmente para afrontarlo -en un primer paso el que aclara realmente sólo ayuda-.
Por lo tanto, si los medios de comunicación malogran la información los ciudadanos seguirán ese mal ejemplo y se extenderán las soluciones de opiniones maltrechas; ¡ah!, pero defensoras de unos parciales intereses para que en el fondo no se arregle un problema o se enturbie como lo consiguen vacilando muchos intelectuales que a lo loco no paran.
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Una intervención militar sólo debe ser inevitable para impedir un genocidio o una invasión de otro país; pero con todos los recursos de las leyes internacionales, con la neta representación de los organismos humanitarios, con la amplia unanimidad de los gobiernos, y con la consideración y participación de los países más cercanos a su cultura como prioridad.
Los salvamundos o los salvadores del terrorismo en solitario o los que censuran porque les gusta pisotear no vienen al caso.
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José REPISO MOYANO