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TÓPICOS Y CONFUSIONES INCONSCIENTES - José REPISO MOYANO

 

Es falso, totalmente falso o equivocado hablar de “en términos absolutos”, puesto que el ser humano no es quién –por la vía de la justificación racional- para distinguir –darles el honor- a unos términos como absolutos y a otros no. Todo término ya es absoluto en el contexto del lenguaje y, además, en la realidad que representa; es decir, cualquier término representa una realidad, si no física, emocional. Si representa una realidad física es un término capacitado para un lenguaje objetivo en función, claro, de quien lo utilice (por ejemplo: el mar es un término objetivo, pero deja de ser objetivo en cuanto alguno lo utilice para una expresión subjetiva como “el mar es alegre”); en cambio, si representa una realidad emocional también es absoluto, pero no expresa que su contenido de realidad sea físico, sino deseado, imaginado, como una sugerencia que se ofrece o se regala, o como una intención que se añade a la realidad física (por ejemplo: cuando alguno dice “yo amo” eso es ya una intención de imaginación añadida al hecho físico de la reproducción, es con seguridad una “actividad emocional con deseos posibles o imposibles de saciarse realmente”, pero sobre todo él ama por un agrado –un efecto psicológico- a lo que él conoce, porque lo deseado llega entonces a estar más cerca de su realidad emocional).

Desde eso, cualquier hecho o acción o, incluso, intención o palabra en cuanto que existe es absoluto (¿por qué sí la energía y no un deseo si las dos realidades tienen cualidades de existencia?); ahora bien, hay que discernir, hay que despejar lo que es posible, a cada cual le pertenece un ámbito, una capacidad y una acción en un contexto determinado, una derivación desde un contexto y no desde otro. Por lo tanto, cuando uno habla de un conocimiento absoluto, de algo que ha discernido previamente –“somos seres vivos”- sólo habla de una, de una verdad dirigiéndose a algo sólo en un contexto, y no habla de lo desconocido, ni del todo, ni del infinito, ni de poderes sobrenaturales hacia él,  por lo que es innecesario –vano- el que algunos digan “los seres humanos no pueden llegar a la verdad absoluta” –que no procede cuando a lo que llegan es a lo preciso, a lo que se dirigen o señalan- si con esa máxima se refieren a nada, a lo inconcreto o al todo; porque sencillamente con ese truco se desvirtúa eficazmente lo que sí se conoce, y se confunde.
Si  ya con concreción uno dice que las células están en movimiento acierta porque, eso y no las células de Supermán o de Simbad el Marino,  es una verdad absoluta en el contexto de las células reales, no en otro.
Así de explícito, en un sentido semejante, también es erróneo el que se diga “En el amor no siempre dos por dos son cuatro” conforme a que, en el contexto del amor o de la emoción o de la imaginación, no es válido lo objetivo ni mucho menos lo fríamente matemático; no, no con respecto a que carezca de lógica, considerándose que todo tiene una lógica causal, sino más bien con respecto a que el amor se encuentra determinado por el agrado y por el deseo, en fin por lo anímico, algo que cambia de segundo a segundo en cada individuo. He ahí que es… subjetivo, que no lo expresan directamente leyes físicas de la realidad en pos de algo que se añade emocionalmente con causas emocionales en cada instante.

Por otro lado, uno de los tópicos más viejos y más estúpidos de los que existen es el “Sólo sé que no sé nada”, siquiera se haya defendido por una mayoría de los intelectuales;  y en grado tal que, su contenido, está vacío, no contiene paradójicamente o contradictoriamente -a su trascendencia- nada. Sí, desde luego, no es más que una frase hecha entre las tantas para excusar una falta de modestia pero, al par de que lo pretende, es sumamente hipócrita  por su descuido, por su escasez de racionalidad y de sinceridad: según la base de que un ser vivo es esencialmente conocimiento ya que, para adaptarse al medio, primero ha de conocerlo -o se adapta a medida de que lo conoce o sabe de él-.
Ningún ser vivo –no cabe en cabeza- llega a Marte con la intención eficaz de “Aquí me adapto por cojones, sin saber nada, porque sí y a lo loco”.

Por último, también los hay  que dicen -o que “lo sueltan” sin saber lo que dicen- que la realidad es virtual o que es no sé o no sé cuanto; pues… no, la realidad  no es ni puede ser virtualidad ni nada que se le parezca, sólo es directamente realidad, lo demás son intenciones para “reglar un juego” o algo donde sí se puede aprender de otra forma, pero no es realidad virtual. Por ejemplo un teatro es ya realidad, lo que no es realidad es la otra realidad –su contenido- a la que quiere representar, sólo la estudia o la analiza o la quiere imitar; porque la otra es la otra-insustituible y sólo se representa -o se representó- a ella misma.

José REPISO MOYANO