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LA MEMORIA HUMANA José REPISO MOYANO
Toda memoria es un progresivo reflejo condicionado que sólo es posible tras una “imposición” del medio físico –que no se puede evitar, que hace, que modela-; por eso, el ser vivo no es un saltimbanqui así por así que por su cuenta crea su “propio mundo más allá de las galaxias” o en la nada, sino únicamente impresiona la evidencia del medio. No obstante, ningún ser vivo es consecuente con todo el medio, no, sólo al más cercano, al más conocido, al que le ha repetido y le infiere hábitos o adicciones mnemónicas: porque las ha adquirido en un escenario físico que actúa o que incide en él.
La memoria no es un almacenamiento, ni siquiera una “asimilación” al pie de la letra, más bien denota una inevitable conformación física que implanta el medio –lo que hay, no lo que no hay- y, de forma progresiva, el ser vivo la expresa en tanto que le supone una mismidad natural, una derivación vital a partir siempre de lo intrínseco impuesto por el medio.
El cerebro, sí, se adapta, pero se adapta sobre lo que hay, con y en respuesta -en comunicación- a lo que hay. No se sugestiona, no elucubra, no realiza magia, sino que antes -por adelantado- está interaccionando con su biología: lo que la naturaleza le ha enseñado puesto que, la naturaleza, no hace lo que los neurólogos o neurocirujanos comportan, o sea, no conlleva una intencionalidad.
Esa es la clave: la carencia de un voluntarioso deseo por provocar algo en lo "natural" del entorno.
En efecto, un neurólogo cuando pretende experimentar una simulación a un cerebro tiene -sobre todo- una intención al hacerlo, esto es: al cerebro “manipulado con una intención” se logra engañar y éste actúa ante una realidad simulada o “manipulada con intención” a falta de la que le han restringido en parte –pues, la totalidad de la memoria genética es “imposible”-.
Con otras palabras, el neurólogo –un experimentador- ensaya cómo reacciona un cerebro con una intencionalidad por lo que "ya" añade como prejuicio un sobreelemento real: la intención.
Así, es tal hecho lo que le puede conducir a unas conclusiones no tan veraces y... precipitadas, pues, la naturaleza no posee esa voluntad; por ejemplo la luz no porta una intención para ir o para llevarla a un ser humano, sino que de antemano ya está en el ser humano y éste la sigue “recibiendo” biológicamente: actúa con “memoria de luz”.
El medio natural no intenta un convencimiento para que un ser vivo "responda" con un sí o un no en lo esencial biológicamente, sino que tal esencialidad es ya memoria natural, lo es; por ejemplo, el agua no intenta convencer a un ser humano por razón de que, él, siempre actuará con “memoria del agua”. Luego, según eso, se construye en pos de ella y, la información que implica sin poderla evitar, sin duda se deduce a través de ella biológicamente, con sintetización y con resintetización como es… natural.
Más claro, la memoria no es un tratado de elucubraciones, de acechanzas sugestionables, de ilusiones extraterrestres o de alevosías, no, únicamente radica y radicará en una conformación biológica o en una memoria biológica a través de toda la materia prima ineludible del entorno natural.
Ahora bien, el ser humano –siendo eso- ha adquirido una memoria social o masiva de sublimaciones o de subjetividades sociales: libertad, paz, justicia, amor, etc. Desde aquí, por supuesto, la sugestión aparece en cuanto a que, cualquiera de estos elementos, maximiza una intención por la vía también de lo biológico –no fuera- que repercute a corto o largo plazo en la formación de un carácter o modelo intencionado.
Como consecuencia, el ser humano “agrada” a su hecho biológico con una directriz simbólica-social: es al pronto consciente de que ama por ese imperativo imbuido al modo social. Y será proporcionalmente subjetivo en tanto que manifieste un nivel o un grado individual de tal intención. Por ejemplo: a un mosquito no se le puede sugestionar con la religión, y a un ser humano sí siempre que se encuentre en una sociedad.
Por lo tanto, la sugestión -lo que se "suma" a la inteligencia, pero no niega la inteligencia- sólo existe de un ser humano hacia otro; no la intentó antes ni la intenta ahora la naturaleza -quien ha actuado sobre el cerebro durante millones de años, a diferencia de la sociedad que lo ha conseguido “muy recientemente”- tratándose de un producto de lazos comunicativos. Con ello, el bien y el mal son elementos sociales, pero objetivos a su vez por necesarios o inherentes... en el hecho social.
Bien se podría decir que el cerebro humano es sugestionable al permanecer ese factor, lo que ocurre es que no todo es esa manipulación considerando que, cada cerebro, depara una distinta capacidad de sugestión a la par que, también, conlleva una reticencia genética y personal frente a ella. Por de pronto, se atiene -lo que se verifica- a procedimientos que disciernen perfectamente lo que es sugestión de lo que no lo es: por conocer la causa de una enfermedad vírica, por ejemplo, debe primero de dirigirse al contexto biológico o a sus principios físicos.
Teniendo en cuenta -y en clarificación- que existe lo insugestionable: a nadie se le puede sugestionar para que no sienta nada, para que no respire, para que obligue a sus “defensas” o a sus anticuerpos a que destruyan cualquier virus, para ser inteligente, para que se comporte como una piedra, etc.
En fin, los seres vivos lo son porque tienen una memoria -durante millones de años- que sólo se la ha dado la naturaleza, no la nada; por equivalencia son naturaleza, real u objetiva naturaleza (He atendido a unos programas de televisión donde, acaso por efectos de "copillas", decían cosas raras, o lo que les parecía, como en un mitin político; y eso es lamentable).