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CON DIPLOMACIA MÁS QUE CON SANTIDAD José REPISO MOYANO

 

 

Señor Borríquez:

Dice usted que la realidad no la perciben de forma perfecta las cosas o los seres vivos.
Pero la realidad no es una tómbola -digamos-, no es perfecta al modo de ser uniformal o para todos un "chollo" con las mismas condiciones. Así un pez no puede percibir la luz del mismo modo que un pájaro – y no porque no quiera que sería lo ideal, sino porque no puede, es imposible- sencillamente debido a que la realidad está condicionada por distintos medios: se somete a la "multicondicionalidad".
¿Eso significa que la realidad es más perfecta en una condición perceptiva?, ¿que tiene una homologación dictada para alguien o para algunos?. Pues no, sólo que cada cosa es –sin más- coherente a percibir las condiciones en que se encuentra la realidad, a ser expresión en potencia de tal o cual medio.

Además, la realidad no se "muestra" porque eso implicaría que está homologada o es uniformal para alguien, es decir, que está exhibiéndose para alguien o, en resumidas cuentas,  que ella depara una intencionalidad. No, una célula de nuestro cuerpo no se “muestra” ni puede ver colores oculares -los que pertenecen a otro contexto en el que existe otra coherencia- sino percibe, con los instrumentos coherentes de su medio, lo que actúa realmente para que ella  se determine; por lo tanto los instrumentos de percepción son absolutamente consecuentes con un medio en concreto que los determina "realmente" o que no poseen como resultado más coherencia real que la que se desencadena sobre unas condiciones, y en/para un medio que así lo ha expresado al margen de una pretensión uniformal o modélica.

Con  eso, cada cosa percibe perfectamente para su medio porque sensatamente y no santamente o idealmente así lo ha permitido no pudiéndolo permitir de otra manera porque, entonces, ya no sería ese medio.

Donde hay una mata de patata podrán salir los "colores" -aunque no estoy tan de acuerdo en utilizarlos- que pertenecen a una patata pero no los que pertenecen a un dinosaurio, y en fin ni unos ni otros son perfectos, correctos, ni ideales ni malvados ni medidas forzadas ni referencias ni tonterías, sólo son coherencia de condiciones a/de la realidad.

Otro asunto es que a algunos no les gustan las palabras desagradables, y porque no les gustan les ofende. Pues, así, parte de la obra de Hernández debería ser exterminada porque ofende, y de Neruda, de Baudelaire y de miles de autores que no tendría el inconveniente de demostrárselo y con “pecados” de campeonato. Dejémoslo claro: ofende la injusticia y el no decirla, la sinrazón y el apoyarla, la alusión personal que no es necesaria la mayoría de las veces y si es calumniando peor. Eso sólo ofende, que algunos se sientan ofendidos porque su hijo dice “caca”, “pedo”, es subjetivismo y estupidez, y que se sientan ofendidos porque otro se caga en la patria es también estupidez. Porque, así, yo también y aquél o cualquiera puede sentirse ofendido por el primer capricho que se le ocurra, por todo quizás por capricho.