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MENOS CUENTO   José REPISO MOYANO

 

 

 

 

Un sentido primordial para la inteligencia es el sentido de la vergüenza, del ridículo mental ante los problemas reales que sufren unos y otros. Por eso, cuando el que lo posee piensa, advierte el contrasentido o no teórico-práctico al propugnar sus planteamientos.

 

Un político o cualquier otro ser humano que intenta gobernar debería, por supuesto, pasar por esta prueba: ¿lo que pienso sobre este problema lo pensaría igual si el problema lo tuviera mi hijo?, ¿y además lo pensaría si el problema lo tuviera quien odia a mi hijo? Y es que es así, créanme, algo se desinfecta el cerebro de prejuicios o, al menos, de algunas tonterías… peliagudas. Entonces, así, sería algo más imparcial y aprensivo en la proporción responsable de sus afirmaciones.

 

Algunos otros temas:

 

El respeto es en  gran medida afectivo. Nadie puede decir que respeta a todos en la misma medida (sin embargo sí en los baremos que se han convenido de justicia social, que bien deberían ser para todos igual, en derechos humanos), a un asesino como al que no ha matado aún una mosca, a un desconocido como a una madre, a un dictador como a un trabajador humilde, es decir, hay muchos respetos en función de qué se hace, de cuál es la responsabilidad de cada uno y, también, de unos afectos propios, ineludibles. Pero el respeto no ha de ser un respeto demasiado idealizado alcanzando en vanidad una desproporcionada estupidez: algunos llegan a respetar a un futbolista con tanta atención o veneración como a sus mismas madres; en efecto, llenan sus respectivas habitaciones personales de posters de uno al cual ni siquiera conocen y, de vez en cuando, se sobrepasan en levantarles la voz a sus madres que los aguantan, que aguantan sus porquería mentales.

 

La educación sexual es muy importante, siempre es muy importante para amar mejor y en contra de los tabúes; pero se ha de hacer inculcando por encima de ella unos valores, los cuales concienciarán o advertirán a los jóvenes que con el sexo no se puede justificar la humillación o desprotección de una dignidad: el ir a una prostituta inmigrante, inmersa ya en problemas y en sufrimientos, para un beneficio exclusivamente sexual o... inhumano.

 

Los conceptos de amor, esperanza, angustia, consuelo, ternura, empatía, etc., son muy difíciles -por no decir imposibles- de cambiar porque no son constituibles, o sea no dependen de convenciones sociales, son de toda la vida, son inherentes o consubstanciales al hecho del vivir, existen en cuanto se viva. Sin embargo, algo muy distinto ocurre con nación, matrimonio, trabajo, estado, ciudad, etc., que sí son constituibles, o sea que se pueden diseñar de la manera que más convenga en virtud de un progreso lo más justo posible, sin discriminar a nadie.

 

La presunción de inocencia se ha de proteger siempre judicialmente en países como Bolivia, Cuba, EE.UU., etc. Porque es necesario culturizar a toda la sociedad con la presunción de inocencia como un valor; y, claro, no basta una prueba sola que se puede fabricar tendenciosamente, sino un juicio justo con las suficientes pruebas -si son de culpabilidad- irrebatibles.

La pena de muerte, asimismo, es un castigo de hipócritas y de vengadores que extermina una vida como finalidad sin duda, en tanto y en cuanto nunca se ha de desear un castigo judicialmente que no le desearías ¡nunca! a tu propio hijo, dado el caso.

 

Sobre la inmigración, los problemas sociales atañen a toda la sociedad y la inmigración lo es, es un problema social. Sí, su solución no se encuentra en manos de quien es inmigrante, ni siquiera en su propia resignación de pobreza, sino en las medidas que se realicen a favor -y no en contra o con pasividad- de una igualdad social, las cuales no eximirán a nadie de su responsabilidad individual frente a otro que es persona como él mismo, por empatía.

 

En cada país los ciudadanos pagan con sus impuestos soluciones y a nadie se le acaba el mundo si se destinan medios contra la insalubridad, contra el hambre y contra la analfabetización: tres grandes prioridades en el mundo.

Lo que pasa es que sólo con el dinero que se gasta en pornografía en España, por ejemplo, hay ya para construir bastantes escuelas en Haití, por ejemplo. En ello, o una cosa o la otra, no se puede decir que importa resolver los problemas más importantes si al mismo tiempo se practica la injusticia  y con orgullo.

O una cosa u otra, no seamos tan retorcidos -unos casi no lo son- a estas alturas de la civilización.