www.domist.net/esp artículos

ICONOGRAFÍA NACIONAL: REALITY SHOW  ( Winston Morales )
-------------------------------------------------------------

"Colombia es un país de poetas", decía un desprevenido académico de mi país al referirse a figuras colombianas como Barba Jacob, Ismael Enrique Arciniegas o Julio Florez.

Indudablemente que uno de los problemas de nuestra poesía ha sido la poca o nula formación que han tenido en ella los llamados hombres y mujeres de la pedagogía nacional. Es mas, hasta hace poco competían en los salones hombres como El Indio Duarte y Pablo Neruda, el Indio Rómulo y César Vallejo. Para muchos académicos poeta es el que declama, el individuo capaz de izarse en una tarima y lanzar sus graznidos en medio de la ovación de un público igual de desinformado o displicente; mientras se declama se alza la botella, se saca el revólver, se entona la ranchera.

La poética tuvo mucha relación con esa forma primaria de vida. Sólo un grupo reducido de hombres tenía acceso a los libros y por ende a los grandes escritores. Aun en nuestros días la gente que acude azarosamente a un recital espera encontrarse con el brindis del bohemio, el duelo del mayoral o Por qué no bebo más, poemas con los cuales, aceptémoslo o no, crecimos. De tal modo que la poesía colombiana ha tenido serios avatares y son esos avatares los que han permitido la aparición de hombres y mujeres entregados a un sincero oficio. Sin embargo, hasta qué punto nuestros poetas han expresado un conocimiento de renovación y ruptura? ¿será que, salvo unas contadísimas excepciones, el canon poético que nos identifica no ha tenido mayores fisuras en el transcurso de los tiempos?. La poesía colombiana se ha caracterizado por ser una poética cargada de sentimentalismo, confesiones, arrepentimientos autobiográficos, moralistas o políticos. ¿Es posible pensar Unas Flores del mal en el país?

De otro lado, además de las constantes señaladas, recae sobre la realidad literaria la invención de grandes mitos e iconos, falsamente esculpidos por una clase poética dirigente. Así como alguna vez cometimos el error garrafal de ponerle el rótulo de país de poetas a la nación y de llamarla la Atenas suramericana, así mismo nos inventamos el nadaismo como un movimiento de vanguardia, cuando ya había existido el dadaísmo, el surrealismo y la generación beat. ¿Qué beneficios le dejo al país en términos literarios el nadaismo? Sin desconocer la fortaleza de un poeta como Jaime Jaramillo Escobar o el periodismo heroico de Gonzalo Arango, ¿qué ruptura podemos encontrar en Jota Mario o Darío Lemos? Sin lugar a dudas el nadaismo llegó en un momento oportuno al país, pero fue aceptado más por escándalo que por propuesta o búsqueda literaria. Como suele suceder en Colombia, donde el espectáculo y lo sensacional apabullan lo verdaderamente poético y honesto, el nadaismo se instaló como una propuesta estética irreverente, impulsada por sus propios integrantes, que en la mayoría de los casos cayeron en lo mismo que persiguieron y condenaron. No creo que textos como el Manifiesto al Congreso de escribanos católicos pueda considerarse un escrito de largo aliento, es mas, ni siquiera logra ser un manifiesto.

Igual que los nadaistas podemos citar una lista interminable de "poetas" a quienes podemos entender como aquellos hombres que buscan un pretexto de vida para resistir a las dificultades cotidianas; la poesía y el ser poeta garantizan cierta aceptación en la sociedad, lo que posibilita la supervivencia. La poesía se convierte casi en una pose y además de convertirse en una pose se traza en ella un elemento común que es el que tiene que ver con el poeta maldito, alcohólico, enfermo, el de la desobediencia civil, el hombre marginal, el lascivo. Además de abordarse la poesía se asumen ciertos modelos popularizados entre nosotros como es el caso de un Poe, un Baudelaire, un Rimbaud o un Villon medieval. Si no se asume ese prototipo no se es poeta. Es mas, el poeta tiene cierta manera de ataviarse, de comportarse ante la gente, de agredirse físicamente entre sus iguales, algo que no es cuestionable siempre y cuando haya una obra de peso, un argumento literario, un universo que rompa con la torta uniforme de la poesía nacional.

La poesía no es sólo vivir poéticamente, cosa que creen muchos académicos instaurados en una racionalidad y una lógica extraña. Será que vivir poéticamente y asumir la poesía desde un modo de vida garantiza la calidad de un poeta? La poesía es una sustancia universal, una transubstanciación instalada en algunas mentes sensibles, la energía colectiva de un universo ávido de propagar una transformación de pensamiento, ya lo dijo Holderlin: " y el amor también fija ojos atentos; mas lo que permanece, lo fundan los poetas!". Las renovaciones, las trasformaciones, los grandes cambios humanos han llegado siempre a través de la poesía. Esto lo constata Apolonio de Tyana cuando afirma: "que no son los individuos visibles los que se modifican, es la substancia universal la que se modifica en cada uno de ellos".

Los poetas colombianos hasta bien entrado el siglo XX no tuvieron mayores motivaciones universales. La poesía se golpeaba contra las paredes de lo coloquial e intimo, sin presentarse la transubstanciación de la que hemos hecho referencia. Al verdadero poeta lo empuja una fuerza suprapersonal y supranacional que nada tiene que ver con él como individuo —así la materia prima sea su propia substancia— sino con un cerebro universal y cósmico, de todas maneras los problemas siguen siendo los mismos en cualquier latitud o espacio geográfico. El poeta debe ubicarse en una atemporalidad que permita la lectura de sus textos y la asimilación de ellos en lo casi supraespacial del continente literario.

Solamente con un León de Greiff empieza a percibirse esta tendencia poética, pues ni siquiera Luis Carlos López, quien se constituye en un francotirador contra la repetida y disfrazada perfección poética del momento logra la universalización soñada.

En el caso de Luis Vidales, con el él se abre y se cierra un ciclo en la poesía nacional, pero a mi modo de ver, tampoco se constituye en un paradigma para la poesía latinoamericana. Una cosa es lo que se percibe desde el país y otra muy distinta lo que se percibe fuera de él. Muchas gente en el exterior y, peor aún, muchos poetas en el exterior no tienen un conocimiento claro de ciertos poetas que son gloria para el nuestro. Cuando uno pregunta por poetas nacionales solamente nos mencionan a Silva o a León de Greiff, ni siquiera el gran poeta nariñense Aurelio Arturo, quien pasó a la posteridad con una veintena de poemas, es conocido por la torta literaria del continente latinoamericano, ¿qué decir de Norteamérica o Europa? Y vale la pena mencionar que los recordados son poetas de finales del siglo XIX y principios del XX. ¿Qué decir de poetas nacidos después de 1950? No será que ese problema de desinformación también subyace en nosotros mismos; está más que claro que los poetas que adquieren renombre en la nación, así sean poetas sólo de nombre o apellido, se constituyen en una especie de cartel cuyos intereses van más allá de lo estético y lo artístico. Por eso es muy distinto ser un poeta de Bogotá o Medellín, a ser un poeta de Popayán o Tunja. Afortunadamente esto ha empezado a cambiar gracias a los festivales de poesía que organizan en Manizales, Medellín, Bogotá o Cali. No obstante, un número reducido de ellos funciona como una especie de banda o cartel: "Tú me invitas, yo te invito". Y qué decir de las revistas? Muchas de ellas, sin desconocer la importancia y la vitalidad urgente de la mayoría, se constituyen en un trampolín de poder para abrir espacios gracias a la retribución que pueda hacerse a poetas extranjeros: Con ellas se logra presencia, dinero y continuidad literaria.

Es Piedra y Cielo, por encima de los tardíos nadaístas, el movimiento literario que comienza a permitir una mayor percepción universal en sus integrantes. No obstante, cuántos de sus poetas son recordados como grandes vates? Personalmente no disfruto con Arturo Camacho Ramírez, Eduardo Carranza, Carlos Martín o Daniel Samper. Su proximidad a la generación del 27 e incluso a Neruda, los hace un movimiento menor, lejano, supremamente lejano en el tiempo y el espacio, a otros movimientos literarios emanados en Argentina o Chile. Es, entonces, una poesía poco original, sin alteraciones de forma y fondo, lejana a propiciar una ruptura o fisura en lo ya establecido por el resto del mundo.

Me parece que con otros movimientos como Cántico, conformado por Charry Lara, Rogelio Echavarrìa, Andrés Holguín, entre otros, empieza a delinearse una poesía personal, con alientos propios y, sobre todo, de suma diferenciación entre sus integrantes. Charry Lara es un poeta que se abre al universo, Rogelio Echavarrìa casi funda un estilo. En cuanto a Mito, su incursión en la poética es ya un fenómeno supranacional, en donde convergen, gracias a la revista, las múltiples voces de América y Europa. Ya lo dijo Rafael Gutiérrez Girardot: "la fundación de la Revista Mito en 1955, significó un salto en la historia cultural de Colombia. Desde el nivel y la perspectiva de sus artículos, los poetas y escritores oficiales, los académicos de una novela —el subrayado es mío—,las "glorias locales", aparecían como lo que en realidad siempre habían sido: restos rezagados menores de un siglo XIX de campanario, Mito desenmascaró indirectamente a los figurones intelectuales de la política, al historiador de lejanos canónicos y jurídicos, al ensayista florido, a los poetas para veladas escolares, a los sociólogos predicadores de encíclicas, a los críticos lacrimosos..."

A pesar de los apuntes de Gutiérrez Girardot, cuántas de esas cosas han dejado de ser problema? No es acaso cierto que muchos, por no decir que la mayoría, de los poetas nacidos después del 45 o 50 son puras "glorias locales". Dónde ubicar por ejemplo a Mercedes Carranza o a Fernando Garavito en la panorámica internacional?

Winston Morales