Giovanni De Matteo |
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ciencia-ficción
RETROACTIVO
RETROACTIVE
trad. Eva Barberà del Rosal
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Giovanni De
Matteo |
Ella me mira y dice: “Cuanto
quisiera que este momento
durase para siempre...”
Corríamos por la nacional
proyectados en la noche
solamente ella y yo: dos
almas en comunión que vibran
sobre la misma frecuencia de
resonancia. La autorradio
alemana de serie entre una
salida de estática y la
siguiente transmite retales
de historia del rock
surtidos en un nostálgico
programa nocturno. Los
caprichos de la
radiodifusión han reunido en
el valle oscuro la voz de
Radio Rock.
“¿Has visto el cielo esta
tarde?” me pregunta con voz
distraída, acentuando mi
impresión al quedarme en
suspense en un escenario
onírico. “Está congelado en
un extraña perfección, como
si de un momento al otro
estuviese a punto de
explotar...”
Su voz alcanza a proyectar
mi conciencia en una
satisfacción virtuosa de
puro magma emotivo. Me
siento vivo.
Gira su semblante diáfano y
dice: “Querría que todo esto
durase eternamente...”
La nacional corre veloz,
regalando piedras de un
panorama nocturno a través
del campo silencioso. Sobre
las notas de un viejo
caballo de batalla de Lou
Reed concedido por la mayor
flexibilidad nocturna a los
imperativos del comercio,
siento nuestras almas
interactuar en una síntesis
superior. Sobre el display
de cristales líquidos del
autorradio de serie junto al
logo del Blaupunkt, rígidos
caracteres de un azul vivaz
eléctrico exhiben la
descodificación de la radio
data system: estamos
escuchando Radio Rock y son
las 23:47.
“Qué extraño está el cielo
esta noche...” me dice
asomándose hacia el
parabrisas emperlado de
gotas.
“Parece contraído en una
atmósfera en suspense, como
si estuviese a punto de
suceder algo...”
Puro placer corre por mis
venas, como resultado de la
acción conjunta de su tono
de voz, de la sintonía que
siento vibrar entre nosotros
y la velocidad. Me siento
por primera vez en un tiempo
impreciso. Me siento vivo de
veras.
Ella se gira en mi dirección
y dice: “Quisiera que este
momento no finalizase...”
El morro del Golf devora
famélico la línea de asfalto
de la nacional, desplegada
sobre el cuerpo adormecido
de la noche. Eludiendo el
crujido iónico de las
interferencias las cajas
transmiten las notas de
abertura de Kill Your Sons.
La programación libre de
Radio Rock une nuestras
almas sublimándolas en una
resonancia celeste. Los
caracteres luminiscentes del
display de la Blaupunkt
componen en configuración
azul sobre el fondo negro
los mensajes horarios del
RDS. Son las 23:47 y el
número de teléfono para
pedir una canción a través
del SMS es 340106600.
“El cielo es propiamente
extraño esta noche...” me
dice tendiéndose hacia el
salpicadero para
aprovecharse de la mejor
visual concedida por el
parabrisas. “Se respira una
extraña atmósfera. Todo el
mundo esta noche parece
estar maravillado”.
Sus palabras me transmiten
una turbina de sensaciones
envolventes en la oscuridad
del espíritu. Siento el
temor unirse al galope sobre
la largura de onda de la
adrenalina. Pero me siento
vivo como hacía años,
respirando el perfume de su
piel que invade el coche,
compenetrándola y
compenetrándome. Desvío la
mirada de la luz acechadora
de dos ojos remotos que me
examinan desde el fondo de
la noche.
Me siento vivo, finalmente.
Ajeno a la influencia de la
multiplicación de miradas
que se concentran sobre
nosotros.
Ella me mira y dice:
“Quisiera que todo esto no
finalizase jamás...”
El Golf corre rápido sobre
el manto bañado de la
nacional, proyectada directa
hacia el corazón de la noche.
Disipando las descargas de
estática sobrevivida en la
estela iónica temporal, las
cajas de 13 mm del implanto
radio evocan las notas
raspantes de la mitología
del rock. Casi cabalgando la
tempestad, Lou Reed irrumpe
de la programación nocturna
de Radio Rock con una
actuación live de Kill Your
Sons. Respiro ávidamente
moléculas de su perfume, con
apetencia de su carne,
deseoso de ella. Sobre el
fondo negro del display de
cristales líquidos del
Blaupunkt toman forma las
configuraciones extraídas
del procesamiento RDS de la
señal de radio. Son las
23:47, estamos sintonizados
sobre 106.600 en FM y
poseemos además nuestras
peticiones vía SMS. El
número es 340106600.
“Qué extraño está el cielo
esta noche...” Me dice
dirigiéndose hacia el
parabrisas emperlado de
gotas. “Se respira una
extraña atmósfera. Todo el
mundo esta noche parece
maravillado”.
Sus palabras son magma
emotivo que se adentra a
chorros por mis venas.
Siento el espíritu
profundizar en una turbina
de sensaciones envolventes y
al final el miedo desemboca
en nada, dominando la
largura de onda de
adrenalina. Por primera vez
tengo miedo de perder algo,
pero la belleza del momento
es demasiado sublime para
que pueda estar corrupta. Me
siento vivo como no me
sucedía en años, respirando
el perfume de su piel que
invade el coche, y
mórbidamente resbala bajo
los estratos de la
percepción. Desvío la mirada
de la luz acechadora de dos
ojos remotos que me examinan
desde el fondo de la noche.
Multiplicaciones
instantáneas de miradas de
dos ojos remotos que se
exhiben en una macabra
danza... Advierto el grito
de un claxon y el silbido
desesperado de los
neumáticos que intentan
desenvolverse en el
inestable terreno asfaltado,
mientras el destino mi
arrastra regalándome una
última visión del pasado,
diapositiva extrapolada al
nitrato de plata
directamente desde la
memoria. En esta brilla la
composición de su cara
distante, remota, soñadora y
su mirada perdida en
lontananza se funde con la
nítida percepción de su olor,
del olor de sus sueños, de
la sustancia psíquica
intangible.
La noche termina me engulle.
Y después el cielo estalla.
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